18/10/12

"La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles"

"Se llama poesía todo aquello que cierra la puerta a los imbéciles"
Por Aldo Pellegrini
 
Publicado en Poesía = Poesía Nº 9 Agosto de 1961, Buenos Aires


La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal que, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla, mientras cede a la sola presencia de los inocentes. Nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática de cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos.

Por supuesto, es el pueblo el poseedor potencial de la suprema actitud poética: la inocencia. Y en el pueblo, aquellos que sienten la coerción del poder como un dolor. El inocente, conscientemente o no, se mueve en un mundo de valores (el amor, en primer término), el imbécil se mueve en un mundo en el cual el único valor está dado por el ejercicio del poder.

Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros hasta el poder que dan las leyes. Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía.

Como la poesía significa libertad, significa afirmación del hombre auténtico, del hombre que intenta realizarse, indudablemente tiene cierto prestigio ante los imbéciles. Es ese mundo falsificado y artificial que ellos construyen, los imbéciles necesitan artículos de lujo: cortinados, bibelots, joyería, y algo así como la poesía. En esa poesía que ellos usan, la palabra y la imagen se convierten en elementos decorativos, y de ese modo se destruye su poder de incandescencia. Así se crea la llamada "poesía oficial", poesía de lentejuelas, poesía que suena a hueco.

La poesía no es más que esa violenta necesidad de afirmar su ser que impulsa al hombre. Se opone a la voluntad de no ser que guía a las multitudes domesticadas, y se opone a la voluntad de ser en los otros que se manifiesta en quienes ejercen el poder.

Los imbéciles viven en un mundo artificial y falso: basados en el poder que se puede ejercer sobre otros, niegan la rotunda realidad de lo humano, a la que sustituyen por esquemas huecos. El mundo del poder es un mundo vacío de sentido, fuera de la realidad. El poeta busca en la palabra no un modo de expresarse sino un modo de participar en la realidad misma. Recurre a la palabra, pero busca en ella su valor originario, la magia del momento de la creación del verbo, momento en que no era un signo, sino parte de la realidad misma. El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino participa de ella misma.

La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia. Sólo los inocentes, que tiene el hábito del fuego purificador, que tienen dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran en la realidad.

La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.

19/9/12

Silvio Rodríguez

La necedad de vivir sin tener precio

Por Ana Carolina Savino

 De conversación con  Silvio Rodríguez, uno los artistas más influyentes de las últimas décadas. Por su poesía, por su música, por su opción clara y firme de involucrarse críticamente con los tiempos y  el lugar en que nació y elige para vivir. Como dijo en la canción “El necio”: “yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui. Allá Dios, que será divino. Yo me muero como viví”.

Viviendo y haciendo

Silvio Rodríguez  viene llevando a cabo uno de los proyectos que más me han emocionado en los últimos tiempos: por su sencillez, por la profesionalidad con la que trabaja y, sobre todo, porque demuestra una vez más que es tan importante lo que dice como lo que  hace.

Desde hace un par de años, junto a los compañeros que integran los estudios Ojalá, visita los barrios más populares de La Habana realizando conciertos, en los que involucra a otros artistas y a través de los cuales también se dejan materiales de lecturas del sello Ojalá, el Instituto Cubano del Libro, la UNEAC y el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.

Sencillamente lleva el arte a las calles y casas de mucha gente que nunca pudo verlo en vivo pero que corea sus canciones, esas con las que crecieron, aunque muchas veces no suenen en sus hogares a diario ni Silvio esté entre sus músicos preferidos.

En una de esas maravillosas tardes en el barrio Mambí-Loma del Indio de Guanabacoa vi como una abuela se acercó con su paso lento por la artritis y le dijo suavemente: “Silvio de Cuba. Silvio del mundo, permítame estrechar esas manos que tan hermosas canciones han escrito”. 

En otra jornada inolvidable, de camino hacia Ojalá para encontrarnos con Silvio, junto a los músicos argentinos Leonel Capitano y Joel Tortul, y al  poeta Víctor Casaus, director del Centro Pablo,  pensaba en cómo sería la charla, el lugar, el tiempo y en la ansiedad por compartir este encuentro sucedido en una calurosísima siesta en la bulliciosa Habana que de pronto se silenció cuando Silvio comenzó a hablar: sereno, inteligente, de palabras justas y acertadas.  Atributo, quizás, del paso de los años, de su propia sabiduría o de ser un aprendiz de brujo. O de todo eso junto.

Sobre la canción

“La canción es parte de la cultura humana y juega un papel de diversión, de indagación. En muchos sentidos  se relaciona y acompaña la vida de la gente. La canción no siempre es igual. Hay veces que evoluciona y otras en que también involuciona, pero siempre está presente de una forma o de otra. Hay momentos de la historia en que la canción, si hay predominio de lo comercial, es un poco más oscura o menos reveladora. Más cómplice del establishment.

Pero hay momentos de la historia en que la canción se rebela contra todo; depende de quién haga la canción y de para qué lo haga. Siempre es muy importante saber quién hace la canción, y para qué la hace. Hay gente que ni se pregunta, que agarra la canción por puro disfrute estético, cosa que yo no crítico ni mucho menos, porque también ese disfrute es necesario.

A mí me tocó hacer canción en medio de un proceso revolucionario, en medio de un cambio fundamental que se estaba realizando en aquellos años 60 en Cuba y eso me marcó, me concientizó, me hizo participar de todo aquel proceso de cambio muy activamente y lógicamente me tocó vivir una vida muy interesante en ese sentido. Una vida que cuando empecé a cantarla se transformó en las canciones que yo canto”.

Sobre la juventud cubana de hoy

“La juventud cubana de hoy es diversa, es una juventud que creció en un país donde todo era del estado y el estado tenía la responsabilidad de dárselo todo. Poco a poco hemos ido descubriendo que esa forma de ser no garantiza, como se creyó al principio, que todos los aspectos de la sociedad funcionen como debieran funcionar. Y ahora estamos reconsiderando ese fenómeno a nivel social, lo que implica un cambio de mentalidad y de realidad bastante grande.

Tenemos una juventud que por una parte tiene la conciencia de estar en un país con muchas dificultades y que tiene influencia de cómo es la vida en otros lugares del mundo, porque hoy en día la información viaja con mucha velocidad de un lugar a otro.  Es una zona de la juventud que sabe, que más preguntas se hace y que trata de profundizar en el origen de los problemas que tiene. Y hay otra parte de la juventud, como las juventudes de todos los lugares, que se hace menos preguntas o que es menos profunda y entonces asume la vida con más superficialidad”.

Sobre el afuera

“Es probable que haya muchachos que se den cuenta que afuera también hay carencias, pero yo pienso que los que deciden irse, que por cierto son muchos más de lo que a mí me gustaría que fueran, realmente no piensan en esa segunda parte. O piensan que van a ser los afortunados, porque eso también es una lotería. Y todos piensan que se la van a  sacar.  Pero después llegan las multitudes allá y solo hay dos o tres que se sacan esa lotería. Y ahí empiezan las angustias y los problemas: adaptarse a aquella otra realidad que no es ni siquiera la propia,  querer regresar a Cuba. Por eso hay la necesidad de revisar nuestra política migratoria porque hay mucha gente que se ha ido equivocada y que si tuvieran la posibilidad de regresar con facilidad lo harían. Son muchos los que quieren regresar”.

Sobre el arte y el pago

“La postura ahí es de acuerdo a lo que cada cual tiene y a la situación de cada uno. Yo me acuerdo que cuando yo empecé a tocar y a hacer canciones, para mí era mucho más importante que se escucharan mis canciones a que me pagaran. Entonces, en cuanto te oyen un poquito empiezas a modificar esa forma: uno quiere que se escuchen las canciones pero también que las paguen. Y llega un momento, en que quizás sea el colmo de lo negativo, en que te atrincheras en una absurda posición de que si no me pagan, mejor que no escuchen mis canciones. Ahí está un poco todo el espectro de ese drama, ¿no?

Cuando yo tenía unos 15 años, iba a visitar a un viejo, espiritista por cierto, que se llamaba Tomás Mendoza. Él no cobraba por la consulta, él te arreglaba la vida o hacía el que te la arreglaba, pero no cobraba ni un centavo.  Y decía que si la naturaleza le había dado un don gratis a una persona, entonces esta no tenía derecho a cobrar por ello. Vaya principio. Es extraordinario. Quizás porque yo aprendí eso tan temprano fue que comprendí la lógica extraordinaria que tiene esa manera de razonar y no he tenido conflictos grandes con eso. Aparte de que he sido una persona muy afortunada porque empecé a cantar sencillamente con ganas de que escucharan mis canciones y un buen día me di cuenta de que encima de escuchar mis canciones, me pagaban.

Por supuesto no todo el mundo es tan afortunado, ni todo el mundo se convierte en alguien que tiene la suerte de que le paguen por hacer lo que le gusta.

Aquí hubo un evento de cultura en el año 67 en el que yo planteé que por qué se cobraban los derechos de autor si en definitiva el Estado se estaba haciendo cargo de todo y además con un sueldo todos podíamos vivir. Yo tenía en ese momento 20 años y acababa de salir del ejército. Me había pasado los últimos tres años viviendo con 7 pesos. Y yo pensaba que con eso se podía sobrevivir: el ejército me daba techo,  me daba comida, me daba ropa,  y encima me daba 7 pesos para que  me lo gastara en helados, que era lo que mí me gustaba comer en aquella época.

Era un razonamiento algo simplista porque la vida no es así exactamente. Luego la gente se casa, tiene hijos y empieza a tener necesidades que cuando uno era joven no tenía. Sobre todo en países donde tienes que pagarlo todo, donde no eres dueño de tu techo como aquí, en donde la escuela no es gratis, donde el uniforme no te lo regalan y donde los libros los tienes que comprar, y en donde la luz y el agua son carísimos y donde todo es mucho más complicado. Entonces es una persona que vive en una sociedad donde todo hay que pagarlo, pues tiene derecho a pensar de otra forma.
Este es un asunto que hay que verlo donde está el hombre, en su entorno, su realidad, por qué piensa como piensa. Entonces no es tan sencillo, hay gente que le representa la supervivencia el hecho que le paguen cuando se escuchan sus canciones.
Yo conozco autores que eran pobres, que no eran grandes compositores sino que hacían melodías y les hacían  letras y luego alguien se las armonizaba. Pero de pronto tenían una canción que era la que pegaba, se la cantaba un gran cantante y entonces era Fulano: “el autor” de tal cosa. Y más nunca había hecho otra canción a la que le hubieran hecho caso, pero esa única es la que los mantuvo a él y a su familia durante toda la vida.
Entonces todo eso hay que verlo a la hora de juzgar este problema, no creo que se pueda juzgar con sencillez porque es un problema complejo.

Sobre sus creaciones

“Yo he compuesto más primero a partir de la música que de las letras. Creo que las mejores cosas que me han salido fue cuando he compuesto música y letra al mismo tiempo. Cuando la música me ha salido con palabras. Y eso es porque he tenido tiempo para dedicarle a eso que estoy haciendo. Casi siempre que he tratado de musicar textos no me quedan muy bien. No tengo mucho talento para eso, me parece. Es muy difícil, luego me tengo que partir la cabeza porque es peliagudo a veces ponerle letra a una música. A veces te pasa que tienes una música que tiene un aire tal y un ambiente melodioso en modo menor, por ejemplo, y a eso difícilmente puedes ponerle una letra que sea muy alegre, ¿no?  Tienes que buscar unas palabras que se adecuen, que se junten con la música y que tengan cierta armonía, cierta correspondencia. De ahí que yo a veces haya tenido que escribirle a una  melodía varias letras”.

Sobre el tango y la chacarera

“Estoy oyendo tango desde que nací. Cuba es un país de una gran tradición tanguera. También fue muy fuerte la incidencia del tango en el cine argentino  de los años 40 y 50, que se puso mucho aquí en Cuba y eso fue parte de la formación del Silvio niño. La gente de mi edad creció viendo y oyendo a Hugo del Carril, a Carlos Gardel, a Libertad Lamarque, a Mirtha Legrand, que habrá tomado el camino que habrá tomado pero que es una referencia de mi infancia y de gran parte del pueblo cubano, por eso cuando vino aquí multitudes la fueron a ver. También los Cinco Latinos  que ya aparecieron en un momento en que estaba influyendo el rock, el slow rock, el calipso y todo ese mundo de los años 50.

Me parece muy bueno que haya un rescate del tango. Hubo un segundo gran momento que tuvo el tango, con el Polaco Goyeneche, con Susana Rinaldi, con Piazzola, e inmediatamente después de eso vino la dictadura y empezó a aparecer y a tomar fuerza el rock como expresión de los jóvenes,  más contestataria. Y también la canción tradicional argentina, la milonga, la zamba y al rescate del folclor se le vio incluso como una actitud política, el rescate de lo autóctono, de lo profundo.

Lo que sí me parece importante es que estén rescatando el tango, porque dentro de todo ese movimiento contestatario, que retomó tanto lo folclórico como lo foráneo, nunca sentí que estuviese el tango, porque el tango siempre fue como una cosa excluida, separada. Hubo como un repliegue ahí.

Hay elementos de las chacareras que, con unos pocos acentos diferentes, están en la rumba cubana o en el folclor cubano. Ese 6 x 8 de la chacarera también tú lo puedes transformar en otra cosa, si acentúas en otro puntico. Sucede lo mismo en un toque de batá. Entonces, a veces lo que diferencia un ritmo de otro es la agógica, o es apenas en dónde pones el acento. A veces son sutilezas las que determinan si se parece más a un ritmo o a otro.

Por ejemplo, nosotros  “La maza” y “Ojalá” no las hacemos como chacareras, porque está la cosa negra”.

Sobre las características propias de un género y la predisposición del mensaje literario

“Esto es una cosa tan amplia que dar recetas es muy riesgoso. Cada cual lo asume de acuerdo a sus características. A mí me funcionan más los modos, las tonalidades y, sobre todo, cuando establezco ciertas combinaciones, ciertas secuencias armónicas, aunque trato de no seguir patrones para que las canciones no se parezcan entre sí. Pero es inevitable que haya relaciones entre un aporte y otro, porque siempre las hay. Y, a veces, esa relación primigenia que hay entre un acorde y otro a mí me puede sugerir, por lo menos, por dónde van los sentimientos. Después vamos a ver por dónde van los pensamientos”.

Sobre las esperanzas, el mundo, los sueños y las pesadillas

“Mientras haya mundo y vida hay esperanzas. Y espero que no sea necesaria una invasión extraterrestre para mejorarlo.

Para hacer de este mundo un lugar mejor, habría que pensar en un lugar con y para todo el mundo. En un sitio diverso. Acaso como lo es el mundo en que vivimos, lo que con más comprensión del otro y con más solidaridad. Quizá pudiéramos empezar por dejar de engañarnos con muchas cosas inútiles que nos preocupan y nos ocupan, buscar mejores contenidos a la existencia.

Ver sonreír a un hijo es lindo. Que otro cante lo que uno inventó, también.

Soñar con vampiros da miedo”.

Fuente: Boletín Memoria No. 152 / Centro Pablo de la Torriente Brau