12/8/17

Rolando Revagliatti,
Argentina


Informe


Pocos edificios concentrados en las manzanas que lindan con la plaza; el más alto llegará a quince pisos. Las casas tienden a la sencillez. Las más antiguas, con los jardines encerrados por muros de los que sobresalen enredaderas y estrellas federales. Las puertas, de hierro, pintadas de verde. De las que no están pintadas de verde... nadie atinaría a definir el color. Espaciosas estas casas, y cuidadas, con esmero incierto. Y casi todas las modernas, lo son por haber sido restauradas. Hay calles con apenas unos arbolitos, recién plantados. Otras ostentan muchos, y añosos. Los canteros de la plaza, maltratados; los bancos de madera, rotos; los juegos no, curiosamente. Sólo hay una avenida. Y calles anchas, bien señalizadas, de tránsito rápido. Las cortadas, cercanas a la iglesia. Sobre la avenida, las galerías principales. Dentro de la más vistosa, la confitería bailable mejor montada. No hay cines ni hoteles para parejas, pero sí el teatro de una cooperativa, con su edificio al lado de la comisaría. Las instituciones bancarias, en esquinas, pero no las farmacias. La plazoleta, con los puestos, escasos y alicaídos, de compra y venta de libros, embaldosada. Al barrio lo atraviesan varias líneas de colectivos (y con ninguna se llega al microcentro).  Y en la húmeda y tétrica bodega de la discreta finca de dos plantas de don Benito Manso, su único habitante permanente, podríamos hallar: tres pares de borceguíes, siete camperas camufladas, dos pantalones de combate camuflados, un mameluco completo camuflado, una boina con la leyenda “Comando”, un piloto tipo militar, tres carpas de campaña, con estacas, partes de armas automáticas (cañones, correderas, etcétera) de aparente fabricación casera, un par de guantes del Ejército Argentino, una pistola marca Brownning número 11-67287 calibre 9 milímetros con grabado de Policía Federal Argentina, diecinueve cartuchos calibre 12.70 milímetros, cuatrocientos dieciocho cartuchos de bala calibre 22, una carabina calibre 22 marca Ruger número 124-03334, diez panes de trotyl de procedencia estadounidense, cinco detonadores con conductores eléctricos de procedencia extranjera, un casco blanco con inscripción “P. M.”, cuatro pistoleras, un carnet de periodista a nombre de Carlo Scaracifiglio, dos tiras de negativos fotográficos de película blanco y negro de 35 milímetros, una granada de mano MK2 con tren de fuego, tarjetas personales a nombre del general (RE) José Anuncio Céspedes Villar, con rótulos varios, embute trotyl, un carné del Departamento Contra Subversión de la Presidencia de la Nación, un cartón de Jefatura II con direcciones varias, doscientos metros de cordón detonante de cincuenta grains de procedencia Fabricaciones Militares (el mismo equivalente a 3,5 kilogramos de alto explosivo denominado pentrita), una carabina marca Winchester, calibre 22 a repetición sin cartuchos de bala, una pistola ametralladora Sterling-SNG calibre 9 milímetros, cuatro cargadores, porta cargadores y herramientas de la misma, un revólver 32 Smith Wesson NR 204.915, tres esposas U.S.A. Smith Wesson, un auricular con disco, calzador para toma telefónica, un sello “Presidencia Casa Militar”, una escopeta calibre 16 milímetros marca Eibar NR AM-82716 Sarrasqueta, una mira telescópica, distintos elementos de correaje porta cargadores y aproximadamente entre unas veinte a treinta prendas de uniformes militares de distinto uso.  Además, un escudo de Infantería de Marina, una calcomanía que dice “Argentina-Presidencia”, una credencial metálica dorada con texto “U. S. Social Security” NR 144-63-2461 a nombre de Antonio Velnis, un par de cachas de madera para revólver, una brújula del Ejército Argentino, una boleta de renta con anotación manuscrita que dice “embute armas lobito”, una caja vacía con cartuchos 9 milímetros, un calibre para la medición de diamantes, una capota militar de gala, un mini componente de audio, un equipo de audio con adaptador y micrófono, un equipo transmisor de VHF-FM, una antena magnética portátil, una fuente de alimentación, una antena látigo, cinco sables bayoneta, un Tahalí de origen U.S.A., un Tahalí marrón, una culata para carabina, una bomba de estruendo, once detonadores a mecha, un detonador eléctrico, una tarjeta comercial en cuyo centro se encuentra el logotipo de una mano y a su alrededor la inscripción “Manos Argentinas”, dos pelucas de hombre, un equipo de radio llamadas, un cargador de F.A.L., una cantonera de goma, cinco cartuchos calibre 357 de supervivencia, cuarenta vainas servidas calibre 357, un motor cohete de 70 milímetros, cinco jeringas y dos ampollas de clorato de apomorfina.  Pero, en esta surtidísima bodega de don Benito Manso, no encontraríamos por más que buscáramos y rebuscáramos, ni una sola botella, ni una sola, de un buen vinito de mesa.

10/2/16

"Alfredo Zitarrosa. La Biografía", luces y sombras (*)
AlfredoZitarrosa
Sobre la vida del popular compositor uruguayo
Por Jorge Boccanera 
BUENOS AIRES- Con una vocación artística precoz, dotado tanto para la música como para la literatura, el uruguayo Alfredo Zitarrosa, de amplia popularidad dentro y fuera de las fronteras de su patria, no tuvo una vida placentera, según se desprende del libro “Alfredo Zitarrosa. La Biografía” del periodista e investigador Guillermo Pellegrino.
El libro, editado por el sello Continente dentro de sus Cuadernos de Sudestada, hace un repaso de su llegada a la canción, así como de sus incursiones como locutor, periodista y actor; una vida rica en amistades, pero también con angustias exasperadas en momentos de soledad, primero, y luego en sus largos años de exilio político.
El cantante, nacido en 1936 como hijo natural de Jesusa Blanca Nieve Iribarne, fue anotado como Alfredo Iribarne, pero pronto llevó el apellido del matrimonio al que la madre le encomendó su cuidado: Duarte. Así, padeció un sentimiento de abandono, y aunque como cuenta Pellegrino: “su madre lo veía de vez en cuando, tuvo con ella una extraña relación de amor y odio”. 
Tanto ese distanciamiento como el ignorar la identidad de su padre, resintieron su personalidad: “Influyó en gran medida. Creció con ese inmenso dolor de ver que quien le diera la vida se desentendió de su persona. Alguna vez dijo: ‘Yo podría haber sido un niño de asilo’”
“Ahí hay un problema de identidad”, dice Pellegrino en relación a ese joven que a los 16 años había portado tres apellidos: el “Iribarne” inicial, luego “Duarte” y el definitivo “Zitarrosa” que adopta en 1952 tomando el apellido de un argentino casado en ese entonces con su madre. 
En el reverso de las penas, está la fuerte vocación artística evidenciada en el actor que monta obras de teatro con sus amigos, el cantor precoz que interpreta temas de José Mojica, el escritor que garabatea poemas y lee a Borges, y el locutor que presenta en el auditorio de radio El Espectador a artistas como Eduardo Falú, Edmundo Rivero y Julio Sosa. 
Pellegrino habla sobre las circunstancias que hicieron que Zitarrosa optara por la canción: “Habría que rastrearlo ya adulto, en aquel lejano 1964 cuando casi por casualidad debutó como cantor profesional en Perú; es cuando vislumbra al canto como un medio de vida en momentos difíciles; eran tiempos en que andaba buscándose a sí mismo”. 
Tiempos en que Zitarrosa deambula por países latinoamericanos: en el ‘60 vive seis meses en la provincia de Córdoba y hacia mitad de la década en Perú y Bolivia. “Con veintiocho años -añade Pellegrino- quería encontrar su camino. Su intención era ir dejando de a poco la locución y el periodismo –llegó a escribir en el mítico semanario ‘Marcha’-; sentía que estaba para cosas más trascendentes”. 
De la relación con la literatura -por fuera de las letras de canciones- hay estos datos: en 1959 obtuvo el Premio Municipal de Poesía por su libro “Explicaciones”, alguna vez dijo estar escribiendo el libro “Positivo-Negativo” y en 1988 publicó su libro de relatos “Por si el recuerdo”. 
“Hace unos meses salió un libro suyo que permanecía inédito: ‘Sonríe muerte’; y tengo entendido que hay muchos otros textos suyos que aún no han pasado a ser letra impresa. En una oportunidad le confesó a su amigo, el escritor Enrique Estrázulas: ‘hubiese querido ser poeta, pero el cantor copó la parada’. Su sueño era ése: ser poeta”.
Y lo fue de algún modo. Lo dice Pellegrino cuando asegura que Zitarrosa logró reunir en su arte poesía y música: “Sin renunciar a nada, ya que muchos de sus textos se sostienen sin apoyatura musical. Él robusteció ambas disciplinas, y sus poemas musicalizados pudieron tomar contacto con un público masivo”. 
En el jurado que lo premió con el Municipal, figuraba un escritor que con el tiempo iba a ser su amigo: Juan Carlos Onetti; la biografía menciona a otros amigos cercanos como el escritor uruguayo Enrique Estrázulas, el poeta peruano César Calvo y varios de los guitarristas que lo acompañaron en sus presentaciones, como los argentinos “Caíto” Díaz y Delfor Sombra. 
El autor de “El violín de Becho”, “Agadio en mi país”, “Stefanie”, “Si te vas”, “Zamba por vos”, “Guitarra negra” y tantos éxitos, hacía un culto de la amistad: “Era muy amiguero –acota el biógrafo-, disfrutaba muchísimo de la charla, compartir un asado o jugarse un truquito”. 
La estrecha relación de Zitarrosa con Argentina se inició en 1960 en Córdoba; en 1966 se presentó en el festival de Cosquín y cuatro años haría su gran entrada en Buenos Aires en el teatro ABC. 
El cantor que debutó en Perú con “La zamba de abril” del “Chango” Rodríguez, a quien nombraba entre sus maestros junto a Atahualpa Yupanqui, fue desde siempre un autor reverenciado en nuestro país.
Por las páginas de “Alfredo Zitarrosa. La Biografía” cruza un hombre a ratos parco y reservado y en otros expresivo y generoso; su militancia política, la prohibición de sus temas en el Uruguay de inicios de los años 70 y un exilio de más de ocho años por España y México. También el retorno triunfal, apoteósico, cuando un 31 de marzo de 1984 emprendió el regreso y una multitud lo aguardaba vivándolo en el aeropuerto.
Para Pellegrino, el cantor que decía preferir entre a la milonga por sobre otros ritmos, y que se definió con la frase “Yo siento lo que la gente siente”, fue un hombre consecuente con un ideario cercano: “A José Artigas, quien siempre luchó para que lo más infelices fueran los más privilegiados. Zitarrosa soñaba con la justicia social”.
Un episodio ocurrido en diciembre de 1988 –apenas unos días antes de su deceso- reenvía nuevamente al tema “identidad”: Zitarrosa viajó a Buenos Aires y tras visitar unos amigos decidió inesperadamente regresar a su país. A punto de abordar el avión sufre una descompensación y es conducido a un hospital donde lo anotan como NN, ya que en su desmayo le habían robado la billetera y sus documentos. Escribe Pellegrino que aún no se había reanimado cuando pasó un enfermero que, tras observarlo, exclamó: “¡Qué parecido a Zitarrosa!”.   


(*) Nota: Artículo de Jorge Boccanera tomado de la revista hermana salvadoreña ContrACultura.

26/1/16

Jorge Godínez,
su novela Rockstalgia




Exordio en anacruza



La novela rock plasma los impulsos individuales y colectivos de un grupo social que al tratar de evadir complejos estándar crea una subcultura paralela, un modelo atípico que compite con los arquetipos básicos del progreso de la era industrial y la tecnología, valiéndose incluso, de ésta, en lo que respecta a los avances electrónicos y acústicos en instrumentos musicales, accesorios y procesos de grabación, actualmente en formatos novedosos y de última generación. El rock como fenómeno social y como movimiento revolutivo primordialmente musical, pero obviamente de amplio espectro, busca en la narrativa pop, la explicación misma a sus arcanos más recónditos, de tal suerte que el suceso rock, surge como un neutralizante para liberarse de los conflictos interiores que afectan al ser humano en discordia permanente con sus emociones y sentimientos. No se sabe a ciencia cierta si los pioneros del gran ritmo fueron Trixie Smith, Roy Brown, Wynnonie Harris, Leadbelly, Son House, Ike Zimmerman, Robert Johnson. Little Walter, Lightnin’ Hopkins, Big Joe Turner, Bo Diddley, Mudy Waters, John Lee Hooker, Ike Turner, con el rhythm and blues, los que inventaron el rock’n’roll (término de nuevo cuño en 1951, atribuido a Alan Freed, disc jockey de Cleveland), luego Chuck Berry, Fats Domino, Little Richard, Screamin’ Jay Hawkins y Big Boy Crudup. O si por el contrario fueron entre otros, Louis Jordan, Pete Speckled Reed y Freddie Slack con el boggie woogie “eigth to the bar” (ocho golpes por compás). Después vendrían Bill Haley, Elvis Presley, Carl Perkins, Gene Vincent, Pat Boone, Eddie Cochran, Buddy Holly, Jerry Lee Lewis y Roy Orbison. 

Estos blancos imitadores de los negros, también pusieron su granito de arena al mezclar el ryththm and blues negro con el country and western blanco. La mixtura negriblanca: ritmo, melodía, sentimiento e intuición, versus: técnica depurada, armonía al uso occidental e idioma inglés, dio como resultado lo que ahora se conoce como rock. Esta ultragrafía, que bien podría ser una resonancia magnética del cuerpo social, cuyas imágenes serán usadas cual dictamen derivado del examen a causa y efecto del fenómeno rock. Especulaciones humanísticas y ficciones literarias, que reivindican el romanticismo de sus épocas de oro, los 60’ y 70’. A partir de Los Beatles el rock’n’roll adopta el nombre propio de rock a secas. Aunque Los Beatles irrumpieron en la escena musical y en la pasarela, como “niños turbulentos pero presentables para el gusto de la mayoría adulta” y Elvis Presley en un giro inesperado, se convertía en un modelo para la juventud fresa, por su oficioso concurso al sistema, limpieza, educación y decoro, los Rolling Stones hacían lo suyo para imponer, nada menos que sus propias condiciones y con su aviesa conducta, tenían asegurada la cólera de los padres en su contra.

The Who, grupo inglés dirigido por Pete Townshed guitarrista líder, violentaban la escena sodomizando metafóricamente sus instrumentos. Al ritmo del rock nace en las nuevas generaciones el desprecio por toda sensibilidad conformista. La insurrección que se construía con materiales extraños a la cultura burguesa, impactó contra la guardianía benévola del código social, siendo atacados los jóvenes militantes con peyorativos adjetivos e injuriosos sarcasmos, cuya colecta equivalía a un destierro de los diferentes sectores sociales, de un mundo que intentaba rehabilitarlos, asimismo ridiculizarlos; pero para sorpresa de los reaccionarios, los anticonformistas se mantuvieron incólumes y fieles a su postura. ¿Por qué tenemos que renunciar a nosotros mismos sólo para gustarles a otros? Siendo el rock un fenómeno social de amplia tesitura, Guatemala no fue ajena a la discriminación y a las medidas de hecho que implementaron los “cuadrados” en contra de los rockeros. Yo mismo fui víctima de la persecución institucionalizada por fuerzas de seguridad del gobierno “democrático” de Julio César Méndez Montenegro, pero con el poder militar detrás del trono, a finales de los años 60’, por el delito de usar el pelo largo, vestir excéntricamente y caminar flexionando exageradamente las rodillas. Mates propios de la cultura emergente y que ofendía a los represores.

Vista con desconfianza la mara rockera, fuimos identificados “hasta cierto punto” como contrarios al régimen militar, o a las buenas costumbres y por desafiar a los chafacerotes de aquel entonces, que intentaron imponer (sin éxito) normas cuartelarías a la sociedad civil y en especial a la juventud fuera de serie. Los jóvenes que usaban el pelo largo eran caprturados, vapuleados y rapados en el mejor de los casos, otros que no tenían “tanta suerte”, eran conducidos a las cárceles después de sufrir vejámenes, no sin antes haberles cobrado 25 centavos por el corte de pelo. Algunos agredidos en su integridad capilar, presentaron recursos de amparo en contra del Ministerio de la Defensa, que a su vez justificó la medida con el argumento de que los guerrilleros usaban pelucas (y barbas postizas) para disfrazarse al cometer sus acciones armadas. Pretexto que reñía con el artículo 43 de la Constitución de la República de Guatemala vigente en aquella época. Párrafos segundo y tercero: El Estado garantiza como derechos inherentes a la persona humana la vida, la integridad corporal, la dignidad en todo aspecto, la seguridad personal y la de sus bienes. Ninguna persona puede ser sometida a servidumbre, ni a otra condición que menoscabe su dignidad y decoro.

El colmo de la represión fue haber capturado a un grupo de rock completo SOS (a finales de 1970, bajo el régimen represivo de Carlos Arana Osorio), cuyos miembros fueron a parar al tambo con todo y sus huesos. Las redadas a cines donde se celebraban conciertos de rock en vivo, así como los allanamientos y clausuras de los antros subterráneos, estuvieron a la orden del día. La consigna de los esbirros era: peludo visto, peludo rapado. Totalmente apolíticos los rockeros, nos mantuvimos ajenos a reclutamientos de izquierda y al “cupo” militar que se nutría de jóvenes de manera obligatoria para engrosar las filas castrenses. Los conflictos relativos a la guerra fría no afectaron nuestro desempeño, seguimos tocando como si nada, al margen de compromisos que no fueran estrictamente artísticos. La desconfianza del régimen hacia los jóvenes con tendencias rockeras se debía al rechazo que los chafas sentían por todo lo que fuera ajeno a sus rutinas disciplinarias y al “libertinaje” que estos nuevos anarquistas exhibían por las calles. Cinismo e ironía fueron las bases de la actitud juvenil forjada en la fragua del gran ritmo, que según algunos críticos puso en peligro al mundo adulto y su hipocresía disimulada en una tradición de decencia y moral. Calificados de revoltosos, el desafío fue demostrarle al sistema, una carencia total de sentimiento de culpabilidad y ni pizca de arrepentimiento en nuestros procesos emprendidos por el uso de drogas, y el menosprecio hacia toda autoridad nos hizo caer en el “valeverguismo”, que los mismos críticos tildaron de expresión ruda y directa por un cinismo francamente perverso.

Rockstalgia no es más que la nostalgia por el rock de los años 60’ y 70’. Historia de amor, cuyo protagonista es José Luis, un músico rockero guatemalteco enamorado de su guitarra eléctrica, que por azar del destino conoce a Fátima, chica aburguesada que desplaza (casi) a la lira, para colocarse en brazos y manos del virtuoso. De no menos importancia es el encuentro de José Luis con músicos extraterrestres que le indican el camino al infinito, donde encontrará la fuente de la eterna juventud. Se funde entonces la realidad virtual con la ficcio-imaginación, el alucine del viaje de LSD, el delirium tremens y el coma toxicológico.





(Jorge Godínez, bajista y novelista guatemalteco, nació en la capital de Guatemala en 1948. Ha publicado Miculax, novela (1991), Qué lindo ser feo, obra teatral (1993), Rockstalgia, novela (1996), y  Rockfilia, novela (2007). Miculax y Rockstalgia tuvieron una segunda edición en 2006 y 2011, respectivamente. Las obras de Godínez han sido publicadas por la Editorial Óscar de León Palacios en Guatemala. En la actualidad la vida musical del autor transcurre en el grupo Cuerpo y Alma en su país natal, Guatemala)

21/10/14

hugo patuto,
Argentina,
en Jauría y otros relatos*


EL ESTUPOR Y LAS VIAS 
                                                                                    
     
      Por entonces, el dolor de cabeza tenía el ingrediente de la culpa; sin embargo, él buscaba con desesperación un atajo, el criterio alternativo que lo conectara con las cosas de todos los días. El proyecto para mejorar los ferrocarriles había sido cuestionado por los compañeros de bloque. En general, avanzaba lentamente su novela –la pasión por la literatura era para él un imperativo extraño, callado y poderoso-, porque los personajes volvían a mentir en medio de pesadillas, habida cuenta de la taquicardia y del espanto. “Llamar a Fabiana y volar en pedazos”, pensó, “con el mismo calor de la última cita”. Pero dolor de cabeza y culpa lo dejaban como ausente. Aquella discusión durante el almuerzo con su padre, el clima de estupor (sus hijos parecían congelados), los clavos en la garganta… Y por fin la ruta, el olor profundo del atardecer.

    Los ojos de Fabiana eran la mínima garantía, entre bromas, recuerdos y el temblor del malbec, un espacio que galopaba por ellos, paralelo al mundo, al desgaste vital, al horror. El punto de vista de su amiga, respecto del nuevo trazado ferroviario, flotaba como un dragón caprichoso aquí y allá. “Me siento abrumado, pero sus palabras no descartan una salida”, pensó.
                                                                                                                                 
    Por más que hubiera imaginado, la posibilidad del accidente surgiría: el matrimonio junto al menor de sus hijos, tratando de evitar una colisión frontal… La banquina como tabla de salvación, nada de carteles, de camiones o autos detenidos, de ciclistas. Controlar el coche, recomponer la voluntad, la mañana bien gracias. ¿No estuvo a punto de morir (de una vez y para siempre) rumbo a General Arenales, circulando por la ruta 8? Fue un resplandor inocente, aunque todo se conjugó para que San Pedro le dijera que habría noticias más adelante y su esposa quedara muda. En el ámbito de la ficción pudo respirar.

    Ahora se vuelve sobre la perilla del velador: las cuatro y media; permanece con los ojos abiertos en la oscuridad. Los múltiples interrogantes que asocian partida presupuestaria y jugada política lo mantienen así, como despegado del embolso de la piel.

    En la sesión del martes hubo insultos y varias demoras; no obstante, la cuestión de fondo fue abordada con el criterio que él venía sosteniendo, el nudo de la corbata flojo, las manos transpiradas (“Fabiana, lo estamos haciendo bien”, se dijo). Abandonó el recinto con paso firme.
                                                                                                                                
    Un domingo soleado en el campo de Heriberto Correa. El sabor de la carne de cordero puso distancia: dejarse vivir, animado por las bromas con viejos compañeros de la escuela técnica, el vino justo, cuatro cigarrillos, el comentario sobre la última película de James Cameron… El encanto de Fabiana tembló entre los remolinos de tierra y la verde luz que ofrecía la zona cultivada; desde luego, habría querido fervorosamente su punto de vista en la reunión, su enorme silencio hecho de bruma pasajera. Los mails tradujeron su compromiso desde Córdoba. El simposio internacional de dermatología, cuya organización y puesta en marcha habían generado el reconocimiento de sus pares.
        




*(Ediciones Baobab, Bs. As., 2012). El autor nació en Conesa, partido de San Nicolás, Buenos Aires, Argentina, en 1961. Reside en Pergamino, Buenos Aires, desde 1990, y ha publicado cinco poemarios y dos libros de relatos. Mesa de Poesía se complace en publicar en esta ocasión otro de sus relatos.

16/8/14

hugo patuto,
Argentina,
en Jauría y otros relatos

LA MIEL DE FEBRERO


“Me lleno de hormigas”, piensa, “y la mañana surge como un desafío”. Enseguida pasa revista a una serie de imágenes (agolpadas en su mente como recuerdos precisos): el atardecer sobre el río Paraná, la hilera de plátanos que hace más grande la calle principal del pueblo, la sombra de un camión cargado con bobinas de chapa, las pastillas de goma. Sabe que las hormigas traen la idea de algo dulce, intensamente dulce, aunque salta de la cama. Desbordante de alegría busca la complicidad de la ducha. El cabello renegrido y los ojos color miel tan cerca de las curvas que no se doblegan con facilidad; el agua la invita a presumir. Ahora la sed vuelve a su garganta como un puñado de arena caliente. Por años ha convivido con ese temible fantasma.
“Salir de una vez”, piensa, “para tener mi clase de yoga, acordar un turno con la señora que depila y preparar el almuerzo”.
Queda por unos minutos con la mente en blanco. Mira a su alrededor: la mujer ha partido llevándose los caminos del espejo. Las piernas hinchadas, el vientre como un sueño blando y torpe, todavía más difuso por las huellas de la insulina. Está sentada, como la mayor parte del día.
Imagina que cruza un puente vestida con un traje de amianto. Y debajo de la piel ese involuntario millón de hormigas.
- Eva, la reclaman –dice una muchacha delgada, remera azul francia y pantalón blanco-. Venga conmigo.
- ¿Te conozco? –le pregunta, disimulando el inconveniente de sus pasos lentos-. Debe hacer bastante que trabajás en este lugar…
La enfermera no contesta, segura de haber repetido “Tres años, Eva” infinidad de veces.
El hormigueo del mundo se le ocurre peligroso. Y se deja acompañar. Febrero estalla en la puerta.



El relato La miel de febrero, de Hugo Patuto, aparece en su  libro Jauría y otros relatos (Ediciones Baobab, Bs. As., 2012). Patuto nació en Conesa, partido de San Nicolás, Buenos Aires, Argentina, en 1961. Reside en Pergamino, Buenos Aires, desde 1990, y ha publicado cinco poemarios y dos libros de relatos. Mesa de Poesía se complace en publicar en esta ocasión uno de sus relatos.

11/11/13

Documental sobre el poeta Roque Dalton




ROQUE DALTON, FUSILEMOS LA NOCHE!
 

Documental de Tina Leisch | Austria, El Salvador, Cuba 2013 | 86 minutos,

Película documental sobre Roque Dalton
 
Roque Dalton (1935-1975) es el poeta más destacado de El Salvador. Su vida:  una novela de aventuras, su poesía; la explosión de chispas entre utopía política y entusiasmo, entre convicción revolucionaria y obsesión por las herejías. Sentenciado a muerte por las dictaduras salvadoreñas, por sus actividades subversivas, logró escapar dos veces de su ejecución. Su exilio lo vivió en México, Praga y sobre todo en Cuba, donde el gobierno revolucionario lo brindó condiciones de trabajo muy favorables. En el clima intelectual fecundo de la isla liberada él escribió la mayor parte de su obra.
Apoyó en levantar una de las primeras guerrillas en su país, el ejercito revolucionario del pueblo, ERP. Fue una fracción de su propia organización quien le asesinó, debajo de circunstancias hasta hoy poco claras.
Era pionero de una historiografía de izquierda e investigación cultural de su país. Hizo uso enfático de “Guanaquismos” (hábitos y dialectos salvadoreños). Disparó con agudeza anticapitalista contra una cultura de pop en proceso de globalización y criticó conceptos políticos de los partidos comunistas tradicionales con el machete bien afilado de su humor para desarrollar dentro del marco de los movimientos revolucionarios de América Latina nuevos conceptos de lucha y de liberación.
Nuestra película presenta los testimonios y recuerdos de sus amigos, familiares, amantes y compañeros de combate. En El Salvador, en Viena, en Praga en La Habana encontremos personas que nos leen y comentan poesías de Roque Dalton.  Tratemos de caminar cinematográficamente por los caminos daltonianos hacia una descolonización de las palabras, conciente que la descolonización no se ganará solo con palabras.

Biofilmografía de la directora:
Tina Leisch es trabajadora de cine, teatro y textos en Viena, conocida por sus proyectos de teatro experimental abordando conflictos sociales.
Desarrolló la obra “« Irrgelichter im Spiegelgrund » (tratando del programa de eutanasia de los Nazi) en común con pacientes de la psiquiatría.
Escribió y montó el drama “Elf Seelen für einen Ochsen- enajst dus za enega vola”, comentando la lucha de los partisanos y partisanas slovenas en Carintia en el sur de Austria. Para su puesta en escena de « Mein Kampf » de Georges Tabori, ella ganó el premio NESTROY, premio de teatro más importante de Austria.
Desde 2004 esta realizando proyectos de teatro en cárceles.
2006 fundó un grupo de teatro de romaníes con el cual desarolló las obras trilingües  “Liebesforschung” y “Schneid deinen Ärmel ab und lauf davon”.
Su primer largometraje documental « Gangster Girls » ganó una mención especial en el festival VIENNALE de Vienna 2008 como mejor documental austriaco en el 2008.
Su documental “Dagegen muss ich etwas tun” (2009) retrata la luchadora antifascista Hilde Zimmermann.
Tina Leisch se enamoró de las poesías de Roque Dalton cuando ella vivía en El Salvador en el año 1989 tratando de apoyar al movimiento popular salvadoreño.
Productores ejecutivos: Ursula Wolschlager, Francisco Álvarez Hernández, Sara Lazo and Ondina Morales
Guionistas: Erich Hackl, Tina Leisch, Guión basado en los textos de Roque Dalton
Director de fotografía: Gerald Kerkletz
Editora: Karina Ressler
Musica de Yolocamba Ita y Leonardo Croatto
Sonidistas: Klaus Kellermann, Evelio Gay Salinas, Marcos Menjivar,
Animador: Nick Prokesch


Información tomada del diario digital salvadoreño ContraCultura

25/10/13

Salarrué

De la revista digital Contracultura de El Salvador:

 «Puesiesque...» recordando a Salarrué

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Lectura y música para recordar a Salarrué

Por Miriam García

San Salvador- Con claveles rojos, música, cuentos y poemas; la Dirección Nacional de Bibliotecas y Plan de Lectura celebró desde temprano el cumpleaños número 114 del escritor salvadoreño Salvador Salazar Arrué, Salarrué. La actividad se realizó junto a la tumba del célebre escritor salvadoreño, quien nació en Sonsonate en 1899. Ahora, su permanente residencia está justo en la entrada del Cementerio de los Ilustres, junto al mercado Sagrado Corazón en San Salvador.

Junto al portón que separa el barullo del mercado y el trajín de la capital, está el pequeño pabellón donde, entre otros que reposan el sueño de los justos -algunos no tanto- se encuentra el escritor salvadoreño junto a una de sus hijas. Su  tumba es pequeña, si la comparamos con la de otros escritores y personajes que se encuentran en el cementerio, cercada con una reja blanca, azulejos aqua y adornada con una cruz de hierro y un ángel niño. La inscripción de la tumba reza “Yo soy el camino, la verdad y la vida” y abajo “Salarrué”. A un lado dice “Amo a los niños”.

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Así es, Salarrué quiso mucho a la niñez, dice el escritor Mario Noel Rodríguez quién lideró la actividad conmemorativa. La lectura inició conun texto que Roque Dalton escribió a Salarrué (ambos fallecieron en el mismo año) entre irreverentes frases que caracterizan el estilo de Roque Dalton que hicieron reír a los jóvenes invitados, estudiantes del INSA Nuestra Señora de los Ángeles.

También se contó con la participación del cantautor Manuel Estefan, quien interpretó canciones alusivas a las temáticas que  Salarrué aborda en sus escritos, para acompañar la lectura en que participaron Mario Noel Rodríguez, escritor; Manuel Velasco, titular de la Dirección Nacional de Bibliotecas y Plan de Lectura; y la poeta Cecy Castillo.

«Tenía años de no escuchar algo así, pero me he gozado con el primer poema que se leyó, es fabuloso. es prácticamente la vox populi nuestra» dijo al respecto Carlos Alberto Luna Coreas, docente del instituto que acompañó la actividad. Una alumna también manifestó su emoción ante la actividad: «este evento ha sido muy enriquecedor, felicitaciones a ustedes que sin ningún costo vienen a impartirnos un poco de nuestra propia cultura con el objetivo de que no se pierda y siga de generación en generación.»

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Manuel Velasco también se mostró complacido, sobre todo por la actitud de emoción y disfrute de la lectura que tenían los jóvenes estudiantes: «A mi me parece clave hacer un reconocimiento literario al legado de Salarrué que nos dejó un claro legado en cuentos de cipotes, remontando el Uluán, y me parece bonito compartirlo con los jóvenes que quizá no lo conocen completamente, al parecer les ha gustado. A veces los bichos vienen y quizá nunca han escuchado nada de Salarrué, uno nunca sabe en este país, pero ahora se van con un cuento de cipotes que les gustó y van con aquello de voy a buscar otro...»


5/4/13

 PRIMER ROMANCE

 

Por Miguel Crispín Sotomayor,
Cuba




Cuando entré a su camerino ella estaba sentada frente al espejo y más hermosa que unos minutos 

antes en que la veía desde mi butaca en la tercera fila. En cuanto se percató de mi presencia se inclinó 

hacia mí, y nos besamos. Yo con toda mi pasión y ella como estaba acostumbrada a hacerlo. En ese 

instante nos sorprendió un hombre alto, de cabello castaño y peinado a lo Gardel, que con gesto 

imperativo la presionó para que apurara nuestro encuentro, solo su sonrisa me hizo desistir de 

romperle las rodillas al intruso. Regresó al escenario y sin otra alternativa regresé a mi asiento para 

volver  a verla en lo alto. Cuando cayó el telón y terminaron los aplausos, mi tía Nena me tomó de la 

mano para protegerme del público que abandonaba la sala del Teatro Oriente.  Esa noche y en noches 

posteriores, Libertad tuvo un lado en mi cama. No volvimos a vernos. Yo buscaba en los periódicos y 

leía que la "La Novia de América" llegaba o se iba de tal o más cual país. Esperé y nunca recibí ni 

siquiera una carta, una nota. Yo sé que hubiera querido hacerlo, no era su culpa sino de un marido 

celoso y de la tía que me sacó apresuradamente del teatro, sin siquiera permitirme regresar a ella para 

acordar algún encuentro más íntimo o darle mi dirección y mi número de teléfono. En medio de mi 

sufrimiento por el amor perdido, el verano llegó en mi auxilio con las vacaciones escolares y me fui para 

Cuatro Caminos de La Prueba, a la finca de la abuela Alberta, donde podía divertir la pena encima de 

un caballo, aburrirla sobre los cascos del burro "Torito" y sino resultaba, ahogarla en las aguas del 

arroyo "La Rosita".

Han pasado muchos años, he visto con nostalgia todas sus películas y oído una y otra vez sus 

canciones. Supe que murió, pero todavía conservo el recuerdo de aquél romance con Libertad

Lamarque, un día de un mes y un año de la década del cincuenta, en Santiago de Cuba.

18/10/12

"La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles"

"Se llama poesía todo aquello que cierra la puerta a los imbéciles"
Por Aldo Pellegrini
 
Publicado en Poesía = Poesía Nº 9 Agosto de 1961, Buenos Aires


La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal que, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla, mientras cede a la sola presencia de los inocentes. Nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática de cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos.

Por supuesto, es el pueblo el poseedor potencial de la suprema actitud poética: la inocencia. Y en el pueblo, aquellos que sienten la coerción del poder como un dolor. El inocente, conscientemente o no, se mueve en un mundo de valores (el amor, en primer término), el imbécil se mueve en un mundo en el cual el único valor está dado por el ejercicio del poder.

Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros hasta el poder que dan las leyes. Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía.

Como la poesía significa libertad, significa afirmación del hombre auténtico, del hombre que intenta realizarse, indudablemente tiene cierto prestigio ante los imbéciles. Es ese mundo falsificado y artificial que ellos construyen, los imbéciles necesitan artículos de lujo: cortinados, bibelots, joyería, y algo así como la poesía. En esa poesía que ellos usan, la palabra y la imagen se convierten en elementos decorativos, y de ese modo se destruye su poder de incandescencia. Así se crea la llamada "poesía oficial", poesía de lentejuelas, poesía que suena a hueco.

La poesía no es más que esa violenta necesidad de afirmar su ser que impulsa al hombre. Se opone a la voluntad de no ser que guía a las multitudes domesticadas, y se opone a la voluntad de ser en los otros que se manifiesta en quienes ejercen el poder.

Los imbéciles viven en un mundo artificial y falso: basados en el poder que se puede ejercer sobre otros, niegan la rotunda realidad de lo humano, a la que sustituyen por esquemas huecos. El mundo del poder es un mundo vacío de sentido, fuera de la realidad. El poeta busca en la palabra no un modo de expresarse sino un modo de participar en la realidad misma. Recurre a la palabra, pero busca en ella su valor originario, la magia del momento de la creación del verbo, momento en que no era un signo, sino parte de la realidad misma. El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino participa de ella misma.

La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia. Sólo los inocentes, que tiene el hábito del fuego purificador, que tienen dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran en la realidad.

La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.

12/10/12

Tomado del diario digital ContraCultura

El cada vez más monstruoso crimen contra Roque Dalton

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La Familia Dalton exige a los victimarios del poeta  pedir perdón a la sociedad y entregar su cadáver

Familia Dalton (*)


SAN SALVADOR – La familia del poeta e intelectual revolucionario Roque Dalton García está conmovida, pero no sorprendida, por los papeles desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su traducción en inglés), de Estados Unidos, en los que se asegura que nuestro esposo y padre jamás fue uno de sus “agentes”.

La investigación del hecho ha corrido de parte del periodista Charles Lane, de The Washington Post, y publicada en español por la revista mexicana Letras Libres, en su edición de octubre de 2012.

Estamos conmovidos porque el ser “agente de la CIA” fue la acusación que le sirvió a la dirección del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) para ordenar su asesinato el 10 de mayo de 1975. Nuestro esposo y padre fue asesinado junto al dirigente obrero Armando Artiaga “Pancho”.

Las revelaciones no nos sorprenden porque siempre tuvimos la confianza que Roque Dalton García era un escritor e intelectual íntegro y honesto, de convicciones firmes como revolucionario y patriota, además de un hombre de gran humanismo.

Esas convicciones están reflejadas en su obra poética y en prosa, que hoy constituyen un legado cultural para El Salvador y para las letras iberoamericanas. Ningún canalla traidor ni antipatriota pudo haber escrito una monumental obra de vanguardia como la que hizo con inteligencia y gran corazón nuestro poeta mártir.

Es por eso que cada vez que se revelan detalles de la vida, obra intelectual y del infame asesinato de Dalton, se pone a luz la inmensidad de su figura, y lo miserable que fueron y siguen siendo sus victimarios, así como sus protectores que los cubren de impunidad.

La impunidad en el asesinato de Roque Dalton García, confirmada con vergüenza por el actual Estado Salvadoreño, se puso en evidencia cuando el sistema de justicia ni siquiera investigó, en lo más mínimo, la causa presentada en los tribunales locales, antes de sobreseer a favor de los victimarios en enero del 2012.

Estas circunstancias colocan irremediablemente el caso de nuestro esposo y padre, en el mismo y elevado lugar de impunidad por el que atraviesa el magnicidio del Arzobispo Oscar Arnulfo Romero, así como la Masacre Jesuita de la UCA, entre otros horrores de antes y durante la guerra civil (1980-1992).

La familia de Roque Dalton, siguiendo su legado humanista y edificador de nuestra democracia, llama a la sociedad salvadoreña, especialmente a su intelectualidad, a luchar para vencer la impunidad que prevalece en todos los casos de violencia política, lo que se ha convertido en una retranca para una verdadera convivencia y reconciliación de nuestra patria.

Exigimos, entonces, la contribución del Estado para conocer toda la verdad en el caso del asesinato de Roque Dalton García y de Armando Artiaga; que se nos entreguen sus restos mortales y que sus victimarios sobreviviente: Edgar Alejandro Rivas Mira, Joaquín Villalobos y Jorge Meléndez, pidan perdón a la sociedad salvadoreña por el crimen que cometieron.


(*) Aída Cañas vda. de Dalton, Juan José Dalton, Jorge Dalton
San Salvador, 11 de octubre de 2012.



19/9/12

Silvio Rodríguez

La necedad de vivir sin tener precio

Por Ana Carolina Savino

 De conversación con  Silvio Rodríguez, uno los artistas más influyentes de las últimas décadas. Por su poesía, por su música, por su opción clara y firme de involucrarse críticamente con los tiempos y  el lugar en que nació y elige para vivir. Como dijo en la canción “El necio”: “yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui. Allá Dios, que será divino. Yo me muero como viví”.

Viviendo y haciendo

Silvio Rodríguez  viene llevando a cabo uno de los proyectos que más me han emocionado en los últimos tiempos: por su sencillez, por la profesionalidad con la que trabaja y, sobre todo, porque demuestra una vez más que es tan importante lo que dice como lo que  hace.

Desde hace un par de años, junto a los compañeros que integran los estudios Ojalá, visita los barrios más populares de La Habana realizando conciertos, en los que involucra a otros artistas y a través de los cuales también se dejan materiales de lecturas del sello Ojalá, el Instituto Cubano del Libro, la UNEAC y el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.

Sencillamente lleva el arte a las calles y casas de mucha gente que nunca pudo verlo en vivo pero que corea sus canciones, esas con las que crecieron, aunque muchas veces no suenen en sus hogares a diario ni Silvio esté entre sus músicos preferidos.

En una de esas maravillosas tardes en el barrio Mambí-Loma del Indio de Guanabacoa vi como una abuela se acercó con su paso lento por la artritis y le dijo suavemente: “Silvio de Cuba. Silvio del mundo, permítame estrechar esas manos que tan hermosas canciones han escrito”. 

En otra jornada inolvidable, de camino hacia Ojalá para encontrarnos con Silvio, junto a los músicos argentinos Leonel Capitano y Joel Tortul, y al  poeta Víctor Casaus, director del Centro Pablo,  pensaba en cómo sería la charla, el lugar, el tiempo y en la ansiedad por compartir este encuentro sucedido en una calurosísima siesta en la bulliciosa Habana que de pronto se silenció cuando Silvio comenzó a hablar: sereno, inteligente, de palabras justas y acertadas.  Atributo, quizás, del paso de los años, de su propia sabiduría o de ser un aprendiz de brujo. O de todo eso junto.

Sobre la canción

“La canción es parte de la cultura humana y juega un papel de diversión, de indagación. En muchos sentidos  se relaciona y acompaña la vida de la gente. La canción no siempre es igual. Hay veces que evoluciona y otras en que también involuciona, pero siempre está presente de una forma o de otra. Hay momentos de la historia en que la canción, si hay predominio de lo comercial, es un poco más oscura o menos reveladora. Más cómplice del establishment.

Pero hay momentos de la historia en que la canción se rebela contra todo; depende de quién haga la canción y de para qué lo haga. Siempre es muy importante saber quién hace la canción, y para qué la hace. Hay gente que ni se pregunta, que agarra la canción por puro disfrute estético, cosa que yo no crítico ni mucho menos, porque también ese disfrute es necesario.

A mí me tocó hacer canción en medio de un proceso revolucionario, en medio de un cambio fundamental que se estaba realizando en aquellos años 60 en Cuba y eso me marcó, me concientizó, me hizo participar de todo aquel proceso de cambio muy activamente y lógicamente me tocó vivir una vida muy interesante en ese sentido. Una vida que cuando empecé a cantarla se transformó en las canciones que yo canto”.

Sobre la juventud cubana de hoy

“La juventud cubana de hoy es diversa, es una juventud que creció en un país donde todo era del estado y el estado tenía la responsabilidad de dárselo todo. Poco a poco hemos ido descubriendo que esa forma de ser no garantiza, como se creyó al principio, que todos los aspectos de la sociedad funcionen como debieran funcionar. Y ahora estamos reconsiderando ese fenómeno a nivel social, lo que implica un cambio de mentalidad y de realidad bastante grande.

Tenemos una juventud que por una parte tiene la conciencia de estar en un país con muchas dificultades y que tiene influencia de cómo es la vida en otros lugares del mundo, porque hoy en día la información viaja con mucha velocidad de un lugar a otro.  Es una zona de la juventud que sabe, que más preguntas se hace y que trata de profundizar en el origen de los problemas que tiene. Y hay otra parte de la juventud, como las juventudes de todos los lugares, que se hace menos preguntas o que es menos profunda y entonces asume la vida con más superficialidad”.

Sobre el afuera

“Es probable que haya muchachos que se den cuenta que afuera también hay carencias, pero yo pienso que los que deciden irse, que por cierto son muchos más de lo que a mí me gustaría que fueran, realmente no piensan en esa segunda parte. O piensan que van a ser los afortunados, porque eso también es una lotería. Y todos piensan que se la van a  sacar.  Pero después llegan las multitudes allá y solo hay dos o tres que se sacan esa lotería. Y ahí empiezan las angustias y los problemas: adaptarse a aquella otra realidad que no es ni siquiera la propia,  querer regresar a Cuba. Por eso hay la necesidad de revisar nuestra política migratoria porque hay mucha gente que se ha ido equivocada y que si tuvieran la posibilidad de regresar con facilidad lo harían. Son muchos los que quieren regresar”.

Sobre el arte y el pago

“La postura ahí es de acuerdo a lo que cada cual tiene y a la situación de cada uno. Yo me acuerdo que cuando yo empecé a tocar y a hacer canciones, para mí era mucho más importante que se escucharan mis canciones a que me pagaran. Entonces, en cuanto te oyen un poquito empiezas a modificar esa forma: uno quiere que se escuchen las canciones pero también que las paguen. Y llega un momento, en que quizás sea el colmo de lo negativo, en que te atrincheras en una absurda posición de que si no me pagan, mejor que no escuchen mis canciones. Ahí está un poco todo el espectro de ese drama, ¿no?

Cuando yo tenía unos 15 años, iba a visitar a un viejo, espiritista por cierto, que se llamaba Tomás Mendoza. Él no cobraba por la consulta, él te arreglaba la vida o hacía el que te la arreglaba, pero no cobraba ni un centavo.  Y decía que si la naturaleza le había dado un don gratis a una persona, entonces esta no tenía derecho a cobrar por ello. Vaya principio. Es extraordinario. Quizás porque yo aprendí eso tan temprano fue que comprendí la lógica extraordinaria que tiene esa manera de razonar y no he tenido conflictos grandes con eso. Aparte de que he sido una persona muy afortunada porque empecé a cantar sencillamente con ganas de que escucharan mis canciones y un buen día me di cuenta de que encima de escuchar mis canciones, me pagaban.

Por supuesto no todo el mundo es tan afortunado, ni todo el mundo se convierte en alguien que tiene la suerte de que le paguen por hacer lo que le gusta.

Aquí hubo un evento de cultura en el año 67 en el que yo planteé que por qué se cobraban los derechos de autor si en definitiva el Estado se estaba haciendo cargo de todo y además con un sueldo todos podíamos vivir. Yo tenía en ese momento 20 años y acababa de salir del ejército. Me había pasado los últimos tres años viviendo con 7 pesos. Y yo pensaba que con eso se podía sobrevivir: el ejército me daba techo,  me daba comida, me daba ropa,  y encima me daba 7 pesos para que  me lo gastara en helados, que era lo que mí me gustaba comer en aquella época.

Era un razonamiento algo simplista porque la vida no es así exactamente. Luego la gente se casa, tiene hijos y empieza a tener necesidades que cuando uno era joven no tenía. Sobre todo en países donde tienes que pagarlo todo, donde no eres dueño de tu techo como aquí, en donde la escuela no es gratis, donde el uniforme no te lo regalan y donde los libros los tienes que comprar, y en donde la luz y el agua son carísimos y donde todo es mucho más complicado. Entonces es una persona que vive en una sociedad donde todo hay que pagarlo, pues tiene derecho a pensar de otra forma.
Este es un asunto que hay que verlo donde está el hombre, en su entorno, su realidad, por qué piensa como piensa. Entonces no es tan sencillo, hay gente que le representa la supervivencia el hecho que le paguen cuando se escuchan sus canciones.
Yo conozco autores que eran pobres, que no eran grandes compositores sino que hacían melodías y les hacían  letras y luego alguien se las armonizaba. Pero de pronto tenían una canción que era la que pegaba, se la cantaba un gran cantante y entonces era Fulano: “el autor” de tal cosa. Y más nunca había hecho otra canción a la que le hubieran hecho caso, pero esa única es la que los mantuvo a él y a su familia durante toda la vida.
Entonces todo eso hay que verlo a la hora de juzgar este problema, no creo que se pueda juzgar con sencillez porque es un problema complejo.

Sobre sus creaciones

“Yo he compuesto más primero a partir de la música que de las letras. Creo que las mejores cosas que me han salido fue cuando he compuesto música y letra al mismo tiempo. Cuando la música me ha salido con palabras. Y eso es porque he tenido tiempo para dedicarle a eso que estoy haciendo. Casi siempre que he tratado de musicar textos no me quedan muy bien. No tengo mucho talento para eso, me parece. Es muy difícil, luego me tengo que partir la cabeza porque es peliagudo a veces ponerle letra a una música. A veces te pasa que tienes una música que tiene un aire tal y un ambiente melodioso en modo menor, por ejemplo, y a eso difícilmente puedes ponerle una letra que sea muy alegre, ¿no?  Tienes que buscar unas palabras que se adecuen, que se junten con la música y que tengan cierta armonía, cierta correspondencia. De ahí que yo a veces haya tenido que escribirle a una  melodía varias letras”.

Sobre el tango y la chacarera

“Estoy oyendo tango desde que nací. Cuba es un país de una gran tradición tanguera. También fue muy fuerte la incidencia del tango en el cine argentino  de los años 40 y 50, que se puso mucho aquí en Cuba y eso fue parte de la formación del Silvio niño. La gente de mi edad creció viendo y oyendo a Hugo del Carril, a Carlos Gardel, a Libertad Lamarque, a Mirtha Legrand, que habrá tomado el camino que habrá tomado pero que es una referencia de mi infancia y de gran parte del pueblo cubano, por eso cuando vino aquí multitudes la fueron a ver. También los Cinco Latinos  que ya aparecieron en un momento en que estaba influyendo el rock, el slow rock, el calipso y todo ese mundo de los años 50.

Me parece muy bueno que haya un rescate del tango. Hubo un segundo gran momento que tuvo el tango, con el Polaco Goyeneche, con Susana Rinaldi, con Piazzola, e inmediatamente después de eso vino la dictadura y empezó a aparecer y a tomar fuerza el rock como expresión de los jóvenes,  más contestataria. Y también la canción tradicional argentina, la milonga, la zamba y al rescate del folclor se le vio incluso como una actitud política, el rescate de lo autóctono, de lo profundo.

Lo que sí me parece importante es que estén rescatando el tango, porque dentro de todo ese movimiento contestatario, que retomó tanto lo folclórico como lo foráneo, nunca sentí que estuviese el tango, porque el tango siempre fue como una cosa excluida, separada. Hubo como un repliegue ahí.

Hay elementos de las chacareras que, con unos pocos acentos diferentes, están en la rumba cubana o en el folclor cubano. Ese 6 x 8 de la chacarera también tú lo puedes transformar en otra cosa, si acentúas en otro puntico. Sucede lo mismo en un toque de batá. Entonces, a veces lo que diferencia un ritmo de otro es la agógica, o es apenas en dónde pones el acento. A veces son sutilezas las que determinan si se parece más a un ritmo o a otro.

Por ejemplo, nosotros  “La maza” y “Ojalá” no las hacemos como chacareras, porque está la cosa negra”.

Sobre las características propias de un género y la predisposición del mensaje literario

“Esto es una cosa tan amplia que dar recetas es muy riesgoso. Cada cual lo asume de acuerdo a sus características. A mí me funcionan más los modos, las tonalidades y, sobre todo, cuando establezco ciertas combinaciones, ciertas secuencias armónicas, aunque trato de no seguir patrones para que las canciones no se parezcan entre sí. Pero es inevitable que haya relaciones entre un aporte y otro, porque siempre las hay. Y, a veces, esa relación primigenia que hay entre un acorde y otro a mí me puede sugerir, por lo menos, por dónde van los sentimientos. Después vamos a ver por dónde van los pensamientos”.

Sobre las esperanzas, el mundo, los sueños y las pesadillas

“Mientras haya mundo y vida hay esperanzas. Y espero que no sea necesaria una invasión extraterrestre para mejorarlo.

Para hacer de este mundo un lugar mejor, habría que pensar en un lugar con y para todo el mundo. En un sitio diverso. Acaso como lo es el mundo en que vivimos, lo que con más comprensión del otro y con más solidaridad. Quizá pudiéramos empezar por dejar de engañarnos con muchas cosas inútiles que nos preocupan y nos ocupan, buscar mejores contenidos a la existencia.

Ver sonreír a un hijo es lindo. Que otro cante lo que uno inventó, también.

Soñar con vampiros da miedo”.

Fuente: Boletín Memoria No. 152 / Centro Pablo de la Torriente Brau