9/8/10

Gabriel Impaglione acerca del poeta, el mundo, la Poesía

Herramienta
“si mi poesía no ayuda a cambiar la sociedad
no sirve para nada”.
Santoro:

El poeta... el poeta... qué poeta?
El poeta ideal? El ideal poeta?
Qué poetas de qué poesía?

Comprometido con... una mujer/un hombre; unas cuotas; un secreto; un ojo por ojo; una causa libertaria; una iniciativa cultural; la mentira; la verdad; la hipocresía; el susurro doliente; la cuenta corriente; su ombligo; el espejo del baño; los salones elegantes; la marcha para decir No; el socialismo; la independencia verdadera; el bicentenario; las placas de bronce; los medalleros; La voz; la palabra; la justicia; la razón; la verdad; el futuro; los derechos humanos; el levante fácil ( Dolina dixit); la búsqueda de respuesta; la belleza; el arte; la llave de la felicidad; la armonía; los trabajadores; las patronales; el político; la política; el gato; el amor; sus conflictos; la fama; los vinos; las migajas del banquete; el cura; la palmada en el hombro; la metáfora; la acción cultural; la inacción cultural; el coro; los buenos vientos; un lugar en el palco; la vocación de hacerlo todo de nuevo; la historia; qué historia?

El poeta... el poeta... qué poeta?
El que me imagino, el que quiero ser, el que soy, el que fui, el que será?

Lugar común: “el poeta es un ser comprometido con la belleza”
Otro: “El poeta es un ser comprometido con la palabra”
otro: “el poeta es un ser comprometido con su pueblo”
una más: “El poeta es un ser comprometido con su tiempo”

(...)

Un zapatero es un ser comprometido? En todo caso, con qué? Con sus zapatos, con los zapatos de los suyos, con los zapatos de los demás, con el partido, con las manos partidas, con los otros zapateros.
Y si sólo es un compromiso con su oficio, pues: zapatero a sus zapatos.
Y aquí termino.
O comienzo.

Poetas comprometidos:
Poetas no comprometidos:
(arme su lista personal).

Sé de poetas comprometidos, por ejemplo, con su imagen de poetas; con su voz sonándole melodiosa, afectada, llena de ecos del olimpo, en los oídos.
Poetas de verdadero compromiso con lo social. Hoy aquí, mañana allá, a tiznar salas y audiencias con voz grave, llena de altos matices que piden “una placa de bronce allí donde he leído”.

Sé de poetas de té que leen versos de masa fina, que ovacionan a sus pares (el clan elegante que siempre está donde están) golpeteando alegremente sus deditos entre sí mientras tuercen el cuello a un lado y al otro para declamar con autoridad severa “ay que lindo”. Así de comprometidos con la cultura y el arte del buen decir.

Sé de poetas de museo, rigurosos archivistas de lo que ha sucedido en las páginas del Billiken. No se ausentan jamás de un acto patrio. Allí declaman loas en carros triunfales, elixires místicos que embriagan de emoción. Así de comprometidos con el verdadero ser nacional.

Sé de poetas no comprometidos con nada. Pero, en serio, con nada de nada. Ellos están por allí, siempre en otro lugar, en otra parte, escriben, escriben, y nada más. No vaya a invitarlos a una reunión, menos a trabajar por algo que merece la pena, no tendrá respuesta. Escriben y nada más. Y aunque escriban de algún hecho social, digo, de algo que sucede, o no, incluso de la chica que no fue a la cita y esa luna feroz caída en el arroyo, ellos nunca estarán con nada ni con nadie. Son los no comprometidos. Nada los compromete. Persiguen la pureza, lo etéreo, lo trascendental... sin comprometerse, claro.

Sé de poetas que se comprometen entre ellos, pactan en un termo y allí se quedan a leerse y a comentarse, a mirarse las caras y discutirse, pero no mucho. A estimularse, palmearse, invitarse vinos y cafés, hasta que semejante unidad hace la maravilla de elevar bajo esa atmósfera de gesta, en medio de donde no había nada, una cima de luz desde la que después miran el mundo. Esos son los poetas comprometidos con su círculo íntimo de tan notables poetas comprometidos con su círculo íntimo.

Sé de poetas que se han comprometido con el anonimato y ni siquiera se dicen poetas. Y andan por allí, de hora en hora por la vida. Uno los descubre cuando se mueren, o en vida, de casualidad, por alguna infidencia.

Sé de poetas de horas extras, transpirada camiseta, pulmón y pulmón, comprometidos con el trabajo de poeta. O sea, no galas de embajada, digo: poetas comprometidos con el oficio de poeta.
Se la pasan de agua en agua, de verde a verde, de vuelo en vuelo, amando a pierna suelta en tanto la metáfora a veces es meteorito, saludo desde la otra vereda de improviso a veces, una palabra en los bolsillos.

Sé de poetas tan altos que uno debe subirse a una silla para hablarles, mostrarle una página, preguntarles qué cosa es la poesía. Esos son los poetas comprometidos con las alturas de la poesía..

Sé de poetas tan bajitos que a menudo para dirigirles la palabra primero se debe cavar un pozo en tierra. Esos son los poetas comprometidos con las bajezas.

Sé de poetas piedra en mano, comprometidos primero con la humanidad que no dice pero que hace, después con la poesía, aunque... quién podría delimitar una de otra? Digo, la poesía y la acción.
Son poetas de poner el pecho y la poesía. Poetas comprometidos con poesía en pecho.

Sé de poetas alucinógenos. Pero tan crípticos que a veces no se entienden, por eso llaman a su poesía: poesía experimentaldevanguardia, poesía postsurrealísticamentefuturistica.
A veces se quejan del bajo nivel de educación de los demás. Pero son comprometidos con su poesía, saben que alguna vez todos los otros llegaran a entenderlos.

Sé de poetas dedicados afanosamente al arte del soneto, la rima exacta, la métrica casi dictatorial. Se mueven en esos laberintos rigurosos con pie firme, casi bota militar, duros y erguidos, solemnes, sabedores de semejante desafío. Son los poetas comprometidos con el conservadurismo de la poesía.

Sé de poetas que siempre están. Pero siempre están. En todas siempre allí. “Esos son los imprescindibles” (B.Brecht)

Sé de poetas que se comprometen con la resistencia encarnizada contra la picadora de carne que representa toda sociedad. Ellos están allí, poesía en ristre, resistiendo. Diciéndole No a la violencia que les llueve. Que nos llueve. Una poesía del disconformismo? Una poesía hacia la transformación social?
Una poesía que ataca o se defiende?
De una u otra manera son poetas comprometidos con la defensa contra la sociedad.

Sé de poetas comprometidos con el poder de la memoria. No dejan de hablar. Hablan, hablan todo el tiempo, y entre una palabra y otra disparan una cita, esa frase célebre, el típico “como dijo...” que deslumbra y calla. Son los poetas comprometidos con la demostración permanente de su sabiduría.

Sé de poetas que han escrito alguna poesía para aparecer en una antología y con esa trayectoria están en todas partes, van a los actos, a las cafés literarios, a las presentaciones de libros, a las marchas y contramarchas de los escritores, mandan cartas al correo de lectores de la sección cultura de algún diario. Y siempre se lamentan de lo mal que van las cosas, de que así no se puede, que hacia dónde va la poesía con tanto diletante encaramado. Son los poetas comprometidos con la figuración a ultranza gracias a la poesía.

Sé de poetas que viven engarzados en los avances de la tecnología, el marketing, las ofertas y las demandas. Escriben poesía en los teléfonos celulares, ese neorepentismo en código. Después publican libros y salen a hablarle a los diarios de qué cosa es la nueva poesía de vanguardia.
Son los poetas comprometidos con lo que ellos llaman la modernidad de la poesía.

Sé de poetas que se la pasan trinando por la falta de apoyos de las gestiones de gobierno a la cultura y especialmente a la poesía. Luego el destino los mete a presión en algún sillón público, y allí automáticamente se olvidan de la cultura y especialmente de la poesía.

Sé de poetas que buscan desesperadamente hablar con otros poetas de las cosas de la vida, del día y sus misterios y los ciclos aún negados de los brotes que vendrán. Aborrecen pulseadas culturosas, sesudas charlas de análisis literario. Ellos son los poetas comprometidos con la esencia de la poesía

Sé de poetas que escriben cientocuarenta y tres poesías al día y llevan la cuenta del total, actualizado. Cientoveinte mil, trescientas cuarenta y nueva poesías, hasta ayer... mas las cientocuarenta y tres de hoy, hacen un total de...
Han autoeditado doscientos noventa y seis libros de poesía con un total de treinta y siete mil doscientas páginas.
Son los poetas comprometidos con la cifra (que le da volumen a tamaña importancia poética) de la poesía.

Sé de poetas que consiguen un crédito para editar ese libro en el que trabajaron todo este tiempo. Y después lo regalan. Y transpiran la camiseta para pagar el crédito. Y ya están escribiendo, no paran, y esperan terminar las cuotas, terminar el nuevo libro, para sacar otro crédito, y vuelta a empezar. Son los poetas comprometidos con el sacrificio de la poesía.

Sé de poetas que se la pasan difundiendo a todos los poetas. Arman revistas, espacios, volantes, mariposas, folletos, talleres, lecturas. Y cuando alguien – cada muerte de obispo- les pide una poesía para publicar hasta se emocionan.
Son los poetas comprometidos con las fraternidades de la poesía.

Sé de poetas cuyo universo poético es tan pero tan ancho que sólo caben ellos.

Sé de poetas que envían a diario sus poesías a diarios y revistas, en la certeza que alguna entrará a edición. Son los poetas comprometidos con la venta compulsiva de su poesía.

Sé de poetas tan grandes que se acercan como chicos a la poesía.

Sé de poetas que piden disculpas por pedir permiso para enviar un día de estos “algo breve para su consideración”. Y después termina el cuento que se reciben tremendas obras.
Son los poetas comprometidos con la humildad de la poesía.

Sé de poetas que andan por el mundo como una escuela abierta, como una guitarra llena de voces, como un pan de mano en mano. Esa es la grandeza de la poesía.

Santoro fue un poeta comprometido con una poesía que ayude a cambiar la sociedad, por ejemplo.
Si alguien me preguntara cuál es mi compromiso con la poesía, en lo personal, diría que me inclino por el compromiso de Santoro.


Gabriel Impaglione