14/12/20

"...Buenos días, licenciado"

Francisco Garzaro,
Guatemala

"...Buenos días, licenciado"


   En la época moderna que nos ha tocado vivir, el trajín diario nos ha impuesto la dictadura de las especializaciones.  Es el constante devenir de la historia y, con ello, la compleja multidivisión del trabajo del hombre.  La ciencia, pues, se ha ramificado tanto, que hoy día puede representársele como un frondoso árbol del saber repleto de gruesas ramas, de las que a la vez crecen articuladas ramecillas de donde penden extraños frutos y brotan flores de todo color.  Y a la par de este desarrollo del conocimiento de la humanidad, del que por fortuna no estamos excluidos los guatemaltecos, en medio de nuestra idiosincrasia, de nuestro chapinismo, vemos y escuchamos, por aquí y por allá, el florecimiento de los más raros especímenes "licenciados" en mil artes y oficios, vaya usted a saber.

   Ser "algo" en la vida, pues, ha cobrado hoy día casi más importancia que una bien cuidada virginidad.  Y no es broma.  Luchar por una licenciatura a estas alturas alcanza niveles de lograrla a como dé lugar:  si usted es pobretón, aunque inteligente y trabajador y no posee el famoso y necesario cartoncito que atestigua su paso por alguna universidad, muy probablemente por estos lares no pasará, como expresa el dicho popular, "de zope a gavilán". De modo que en nuestra querida patria tenemos una vistosísima, pintoresca y creciente gama de gavilanes y gavilancillos, digna del más rico paisaje bucólico o pajarera que podamos imaginar.

   Y si por suerte, o por sus brillantes dotes de trabajador o trabajadora, o por el "muy sentido deceso" de una acaudalada tía usted se vio de la noche a la mañana superdotado de pisto y en consecuencia de una buena posición social, aún se encuentra en la incómoda situación de ser llamado simplemente "señor", porque ya el hecho de ser llamado Don Fulano, o Don Zutano –así con mayúscula–, sinónimo de donaire, emancipación económica o alcurnia enjundiosa, perdió a todas luces su significancia social.  Aunque pistudo, viejo o nuevo rico, usted, hoy día, en la época de las democracias, no pasará de ser el señor fulano de tal, o llamado a la usanza antigua "Don Filiberto", respetuosamente, con cierto aire de anacronía y forzada seriedad.  Así es como las circunstancias dan paso al estratégico –aunque poco cómodo– caso de ser llamado, o mejor aun, dejarse llamar, sin remitirse a prueba alguna, "licenciado" a secas, una especie de crédito social sin respaldo ninguno, en el grado de "económicus causa", una clase humanizada de cheque sin fondos.  Y es que ser llamado "licenciado" e imprimir el término antepuesto al nombre en la infaltable tarjetita, suele ser de importancia capital e impostergable en estos dorados tiempos en que no todo lo que brilla es oro.  Los años de la devaluación, las especialidades y la especulación.

   Y también están los licenciados de verdad y un poco de mentira:  aquéllos que sí cuelgan su cartón en el bufete o en la oficina para convencer a la clientela de los créditos académicos de quien aguarda a los incautos e incautas tras un típico mamotreto de escritorio, rodeado de cien mil papeles, mudo testimonio de trabajo acumulado o jamás concluido.  Trátase de aquéllos sujetos o tristes damas que huelen a hollín, a moho, que por fin lograron a fuerza de persistencia el título "a puro título", o de aquéllos o aquéllas que por arte de magia volvieron del extranjero ostentándolo por la señal de la santa listura y nada más...

   Porque ser licenciado es muy importante.  Si usted, por ejemplo, ya obtuvo el correspondiente permiso para conducir su cuidado pichirilo, ya puede, si tiene valor, hacerse llamar "licenciado", porque a fin de cuentas el verbo transitivo "licenciar" significa, entre otras cosas, dar licencia, y este último término en su primerísima acepción, según el diccionario, quiere decir "Autorización", venia o permiso para hacer algo".  Así que no hay problema, si usted conduce legalmente su automóvil, esto es, debidamente autorizado para ello, ya puede decirse "licenciado".  Lo mismo ocurrirá con las mil y tantas autorizaciones que para vivir, sobrevivir, civilizadamente, son emitidas a diestra y siniestra por las autoridades competentes.  Así hoy día las licencias, y con ello las "licenciaturas", abundan y visten nombres por doquier.  Caso parecido ocurre con la proliferación de "ingenieros" y no es raro encontrarnos, de vez en cuando, con sujetos que, al presentársenos, de entrada, recalcan su nombre anteponiéndole el aderezo de "licenciado" o "ingeniero", a manera de aviso, como si tal condición formase parte adicionable a la partida de nacimiento o al nombre "de pila".

   Menos mal que aún el país puede contar con decenas de confiables y prestigiosos profesionales que, ostentando merecidamente diversas licenciaturas, doctorados, maestrías, profesorados y diversos grados técnicos, hacen que el desarrollo, la salud y las relaciones sociales de los guatemaltecos marchen viento en popa, pese a tantas vicisitudes.  Medio en serio, medio en broma, a quien le venga el guante, como se dice: ¡Que se lo plante!

1/10/20

Juanito

Francisco Garzaro, 
Guatemala


JUANITO

Aunque Juanito Golondrina era el patojo más bueno del barrio, aquel día radiante conoció el

dolor más raro del mundo.  Alguien lastimaba desde adentro sus entrañas candorosas;  alguien

desde el anonimato del sentimiento salpicaba calladamente de culpa el ensueño y sobre todo

alcanzaba sus amados cuentos infantiles repletos de alegres animales y coloridos bosques

encantados;  y aquella triste sonrisa, tan distinta de la suya y que llevaba encajada e inédita

en el rostro -que sólo sabía de besos maternales- era más bien la primera mueca de asombro

que su alma transparente y noble intentaba como voz de alarma.

Allá en la sombra fresca de la arboleda está Juanito a solas con su fusil de viento.  Un niño y

su encuentro a solas con el asombro. Con el desconocido mundo.

25/7/20

El señor...

Por Francisco Garzaro,
Guatemala



EL SEÑOR QUISCALUS MACRURUS NO ES UN PERIODISTA INGLÉS


   Tampoco podríamos afirmar que el señor Macrurus llegó a estas pintorescas y tropicales tierras centroamericanas a la usanza de aquellos viejos flemáticos colonos británicos enfundado en bien planchado traje blanco y pipa y peculiar sombrerillo de palma.

   Tampoco es cierto que este extraño tipo Macrurus vistiera alguna vez pantaloncitos cortos a la cómoda y ventilada manera de Lord Baden-Powell of Gilwell y sus puntuales paisanos.

   Tampoco Macrurus se ha ocupado jamás de la política ni estuvo nunca afiliado a partido alguno y ni siquiera compra diarios ni pierde su valioso tiempo viendo la televisión.

   Y tampoco –¡por favor!– podríase endilgar a este personaje de tan alcurnioso apellido Macrurus el sambenito de hippie panajacheleño, ya que Quiscalus ni es ojiazulado ni lleva greñas ni mochila ni sueño.

   Quiscalus Macrurus tampoco pertenece al honorable Cuerpo Diplomático acreditado en Guatemala y, por supuesto, no vino al país como miembro del pintoresco "Cuerpo de Paz" norteamericano. Tampoco Macrurus trabaja para ninguna universidad estadounidense ni alemana ni holandesa ni canadiense ni escandinava ni oenegé alguna, que estuviera interesada en continuar estudiándonos a todos nosotros los especímenes faunoparlopensantes que entre tantos agrios dimes y diretes habitamos estas coloridas regiones de trópico, de pena e impunidad.

   Y Quiscalus Macrurus no ha tenido que ver con la Perestroika ni con los Versos Satánicos ni con los Bomberos Municipales ni tampoco con los extraños destellos luminosos voladores que ha algunos años atrajeron turistas nacionales noche a noche a las cercanías del tranquilo Sanarate y, aunque conoció a Luis Domingo Valladares, jamás nunca cruzó palabra con él ni con el expresidente Cerezo ni con el vocero del Insivumeh; jamás ha estado cerca ni ha conversado con Santa Clós ni lo hizo con el gordo Sanchinelli ni menos aun habría participado jamás en las actividades culturales del recordado viejillo don Tasso Hadjidodou –"Taso how do you do"– con quien por supuesto Macrurus no tiene, ni tuvo, ningún parentesco en lo absoluto.

No. Definitivamente no. Macrurus no tiene que ver ni con los presidentes ni con los coroneles ni con los maestros de artes ni con los pintores de brocha gorda. En una palabra, Quiscalus no requiere de tecomates para nadar. Ni sabe de cine ni de cálidos licores ni de preciar antigüedades. Es tan sencillo este Macrurus como la sonrisa del inocente o como treparse cantando a un autobús o como ponerse la camisa o como saludar a un cura en la mañana.

   Porque Quiscalus Macrurus no es un periodista inglés. De ello está lejana cualquier sospecha. Quiscalus ni tan siquiera es inglés. No lleva país ni pasaporte este Macrurus. Quiscalus es poeta. Quiscalus el poeta urbano de los aires y de los remolinos. Macrurus poeta alegre de los parques y de las alamedas. Quiscalus de los altos pinos y de los cipreses y de todas las arboledas y de los caminos.

   Quiscalus papalote piruetero de las alambradas y de los tejados y de los potreros y de los llanos largos.

   Todos y todas conocemos al señor Quiscalus Macrurus quien obviamente no es un periodista inglés. Quiscalus Macrurus sin papeles ni fronteras. Quiscalus Macrurus populorum por todas partes. Quiscalus desde nuestra niñez. Macrurus desde nuestras barranqueadas. Quiscalus hagamos un pulso. Macrurus desde nuestras correrías honda-de-hule-canche en mano para matar al clarín de los atardeceres.

   Todos y todas conocemos a este señor Quiscalus Macrurus tacuche café cuando va de ella, negro-azulado cuando va de él. Macrurus incansable fraile volador de las barriadas bullangueras y de las palanganas. Quiscalus chucho juguetón de los aires. Sobreviviente Quiscalus de los criminales gases urbanos y de los insecticidas y la deforestación. Cantata heroica Macrurus cotidiano. Quiscalus libre nunca mascota.

   (O quizás reconozcamos más fácilmente a este señor, a esta señora Quiscalus Macrurus por su nombre popular, cotidiano. Simplemente, con cariño, con sencillez: ¡don Zanate! Nada más).





Nota:
En otras regiones de América las variedades Quiscalus tienen diversos nombres: Quiscalus mexicanus, Quiscalus lugubris, Quiscalus major, Quiscalus nicaraguensis, Quiscalus niger, Quiscalus palustris, Quiscalus quiscula, entre otros.

10/1/20

Adiós poeta...

Francisco Garzaro,
Dirección de Mesa de Poesía



ADIOS POETA MIGUEL CRISPIN SOTOMAYOR 


  
Desde el 21 de mayo del 2018 se perdió la comunicación con el poeta cubano y colaborador de Mesa de Poesía. Se asumió que Miguel estaría ocupado en sus labores, o de viaje quizás. Durante 2019 le dirigimos varios mensajes y el poeta no respondió. Recientemente, en ocasión de las fiestas de fin de año, le enviamos nuestro abrazo y mejores augurios para 2020: ninguna respuesta. Nuestras comunicaciones se realizaron, invariablemente, a petición del poeta, a la dirección electrónica de su esposa Miriam. Desde ese correo enviaba sus poemas. Pero el silencio perduró. Así que, ante la ausencia tan prolongada, escribí al también poeta cubano y colaborador de Mesa de Poesía, Jesús García Clavijo, comentándole el asunto.

Recientemente, el pasado 8 de enero, García Clavijo nos ha dado la triste noticia. Miguel Crispín Sotomayor falleció. De acuerdo a una información que Mesa de Poesía ha recabado en internet, Miguel Crispín Sotomayor habría fallecido el 24 de junio de 2018. En nombre propio y de Mesa de Poesía, hago llegar a Miriam su esposa, y a su hija, nuestro pesar por tan irreparable pérdida, pesar que hago extensivo a toda la familia del poeta y a las letras cubanas.

Mesa de Poesía extrañará mucho al poeta fraternal Miguel Crispín Sotomayor. La tristeza nos envuelve. Contándose con algunos poemas suyos que en vida tuvo la amabilidad de enviarnos, y que todavía no hemos publicado, éstos se irán publicando en su homenaje.

Adiós, Miguel.

23/9/19

Perro...

Por Víctor Muñoz,
Guatemala


Perro expiatorio



        El mismo día que nos pasamos a vivir aquí a mi hija la mordió el perro de los vecinos.  No fue mucho, apenas un rasguño, pero…  

Esa misma noche vinieron los vecinos a ofrecernos sus disculpas, a explicarnos que el perro estaba vacunado contra la rabia, que nunca lo soltaban pero qué mala suerte hoy.  También nos dijeron que se ponían a nuestras órdenes por cualquier cosa que se nos ofreciera.

En cuanto se fueron me puse a planificar lo de la verja. Decidí que mañana mismo le voy a ordenar a Toño que la comience.  Tiene que ser de por lo menos dos metros de alto para que no se mire nada para adentro.   En la esquina quiero que me le construya una torreta.  También quiero que me ponga unas pilastritas para que nadie vaya a estar encaramando su carro en mi pedazo de banqueta.  A Miguel le voy a ordenar que venga a ver lo del jardín.  Quiero que me le cambie de lugar a los dos árboles de eucalipto y que el naranjal lo pase para atrás.  También quiero que me le den vuelta a la casa para que el sol de la tarde no moleste.  Después voy a ir a hablar con Genaro para que me mande unos tres muchachos de los más duros para que me hagan ronda por lo menos dos o tres meses y para que a cada tres o cuatro días hagan unos disparos al aire.  Todo tiene que quedar arreglado esta misma semana.

Y una vez que lo tuve todo planificado y decidido me dormí.  En la madrugada me levanté, agarré la pistola y me fui a matar al perro porque a mis hijos nadie me los toca y quiero que vayan sabiendo cómo es la cosa conmigo.


Cabrones.




Víctor Muñoz es un novelista, cuentista y poeta guatemalteco al que le fue otorgado en el año 2013 el Premio Nacional de Literatura.  Algunos títulos de su obra: Collado ante las irreparables ofensas de la vida; La noche del 9 de febrero; Posdata: ya no regreso; Sara sonríe de último; Instructivo breve para matar al perro: y otros relatos sobre la atribulada vida de Bernardo Santos; Principios y ejercicios democráticos para desalojar a los gatos; Cuatro relatos de terror y otras historias fieles; Las amistades inconvenientes; La reina ingrata: cuentos; Cuentos: antología

27/1/18

La poesía...I,II,III

Francisco Garzaro,
Guatemala

La poesía, la compañía y las cosas de la vida

I


En la mañana un poco de avena. Me encuentro en la habitación entreabriendo aún los ojos mientras bebo su lechosa consistencia aguardando la energía que la afama. Mi compañera ha traído el tazón a la cama donde todavía permanezco. Necesito espantar el sueño que por el recuerdo no se va. Pronto el dormitorio va retomando la apariencia de siempre y me paso el último sorbo. De nuevo el día. Santuiseña: qué buena compañía; qué suerte poder contar con ella, con su permanencia después de tantos años: camina y camina conmigo, venciéndolo todo, los trabones diversos de la vida, los traspiés. Nos amamos.

Sigo vivo de manera persistente en un país donde la muerte perpetrada sorpresiva e inesperada es común. Casi tan natural como lo es el saludo cotidiano en el vecindario. Pero, en fin, un día más a favor o en contra. Depende. Se me vienen, en sucesión, las imágenes; las escenas adelantadas de las calles que recorreré de nuevo para encontrar la clave del respirar, del respiro. Indagar el sentido que ha de tener el acertijo es lo que me importa. Es la lucha contra la angustia: la búsqueda de un bienestar que no siempre se obtiene a cambio de dinero. Encontrar la causa del reír y del sentir los pies avanzando hacia la novedad cotidiana. El hallazgo de simbologías en los andenes callejeros rotos de ir y venir. El descifrar los garabatos, las exigencias, las súplicas abandonadas en las viejas paredes interminables del Centro Histórico de esta ciudad capital guatemalteca. Las rústicas palabrotas en las puertas de los vecindarios; esos lugares, esos espacios donde se evidencia la maquina multitudinaria del pueblo.

Van llegando las frecuencias significantes, las dimensiones alteradas por el crecimiento anárquico urbano. Van llegando los campanarios que quedaron diminutos ante las altas edificaciones, claro, excepto las torres amarillentas de la metropolitana Catedral que aún llenan de campanadas la Plaza de la Constitución poblada de gente, de sanates y palomas. Y no faltan las cabras lecheras y el pastor que completa el paisaje con su toque bucólico. Y ahí están también los silencios prolongados en las sombras del día y de la noche. Viejos y viejillas en harapos con sus entrecejos escrutadores. Ladronzuelos, orfebres, vendedores de maicillo para los cientos de palomas; mariguanos por los rincones con el retumbe tamborero constante del gurpo garífuna que llena de danza el gran espacio abierto de la Plaza. Indigentes con sus tristezas. Borrachos en resaca. Turistas casi extraterrestres visitando un país macondiano, o mejor aún, un país que posiblemente representa lo xibalbiano. Putas deambulando desvelos o, como se dice con corrección política ahora, "sexoservidoras" pululando por ahí hartas del vivir y la desesperanza. Jóvenes colocando sus ventas callejeras en las esquinas atentos a la persecución municipal. El Centro Histórico de la protesta guatemalteca eleva el grito ciudadano hasta los confines de la existencia en este territorio que a algunos se les ocurrió llamarle Guatemala.

También están los ojos de las muchachas. Las parejas besándose interminablemente mientras descansan al borde de la fuente luminosa. Los soldados que custodian el rebautizado Palacio Nacional de la Cultura y las ratas que corren en los jardines de la Plaza.

Episodios de la cotidianidad. Escenas de las cosas y de los seres constantes en el viejo Centro de la capital de Guatemala. Es el movimiento de imágenes y sonidos; las dimensiones humanas y arquitectónicas que se encuentran mientras se avanza a pie paso a paso por la zona metropolitana de la ciudad. Un mundo que se lee irremediablemente crudo porque la realidad más evidente del país la marcan las exigencias sociales en la calle. Hay un goteo poético en este lugar de barrios centenarios y protestas.



II

Lejano bar



La chica en la esquina del bar. El hombre que la devora; que la consume en el beso que escapa y queda para siempre en la boca y en el espacio. Concluirá la vida. Ella no lo olvidará porque el del beso ha firmado ya la muerte al fondo del enorme puente. Importante es la pasión en el discurrir abigarrado de la existencia. Acaba a cada instante en la morgue de los hospitales públicos. Algunos adinerados mueren indiferentemente infelices o bendecidos entre médicos y curas o monjas empresariales que correrán en su día la misma suerte. Cuestión de fantasear con la señora muerte y concluir inertes en una morgue de pobres o ricos. Es cuando los fantasmas de Asturias, de Salarrué o aun de García Márquez sugieren la extraña magia que flota por dondequiera en toda la realidad fantástica de la vida y de la muerte. Porque la muerte es magia heredada de la vida y esa es la pregunta que hemos de preguntarnos si en verdad hay linterna en la región de nuestros supuestos talentos.

Por eso la poesía. Y la música y la pintura. Y por eso la mujer. Y también el amigo que se acerca y nos confía algún temor o cierto importante pero discretamente oculto éxito. Mi fórmula es discurrir el tiempo deambulando a pie por maravillosos barrios céntricos donde me permito, donde quiero vivir a expensas de todo lo que ocurre a mi alrededor.

"No te vayas mi amor", "te quiero Silvia cabrona, volvé", "te quiero mi amor", "Susana y Pedro" son cuentos cortos, brevísimos de la vida de la gente que se lee en las paredes con mensajes de belleza y drama.



III

El duende



La última aventura, esa cosa de la que apenas sobreviví. La intensidad del páramo paradisíaco fue tal que perdí el puesto de timonel y el duende enfiló al país del nunca jamás.  La idea llegó cayéndome sin aviso y confié en él, sí, en el duende. Me entregué a él porque le asistía una explicación histórica y porque ésta daba razón de ser al planteamiento de un amor donde se rebasaba la propiedad de un ser sobre el otro y se podía vivir en plena comunidad un hombre y dos mujeres. O al revés. Una suerte de pionerazgo en un pobre país donde se niega la plurinacionalidad que le es esencial. Un bosque era aquel adonde me llevó el duende con su propuesta de una realidad que solo podía concretarse entre seres que llegaran del futuro. Allí una pequeña parte de la Utopía se tornaba real desde que se divisaba su umbral pletórico de flores.

Algún mágico toque hizo surgir el ensueño que pronto fue la nave que despegó. El duende cantó los sortilegios y me perdí en las aguas pensándome en el futuro. Íbamos tres a bordo mas sólo yo me futurizaba mientras mis compañeras entraban en pánico. Naufragó la cápsula y en la embriaguez amanecí derrotado a más no poder con el duende sonriéndome. Desde entonces, siempre dos porque la tres se exilió, la compañera comprende la derrota y su amor es tal que aun lucha en mi compañía. Con el duende, al final siempre somos tres.

La tarde del jueves el duende lanzó el reto de ir a beber cerveza a un bar que él prometía inolvidable. Caminamos hasta llegar al cementerio; yo pensando en las pintorescas cantinas aledañas al lugar y el ente divirtiéndose mediante engaños de no entrar a ningún sitio. De pronto atravesó la avenida y se paró frente al lúgubre portón invitándonos a entrar. No teman, dijo, nos esperan. Hay fiesta ahí, al final.

5/4/13

Primer...

PRIMER ROMANCE


Por Miguel Crispín Sotomayor,
Cuba



Cuando entré a su camerino ella estaba sentada frente al espejo y más hermosa que unos minutos antes en que la veía desde mi butaca en la tercera fila. En cuanto se percató de mi presencia se inclinó hacia mí, y nos besamos. Yo con toda mi pasión y ella como estaba acostumbrada a hacerlo. En ese instante nos sorprendió un hombre alto, de cabello castaño y peinado a lo Gardel, que con gesto imperativo la presionó para que apurara nuestro encuentro, solo su sonrisa me hizo desistir de romperle las rodillas al intruso. Regresó al escenario y sin otra alternativa regresé a mi asiento para volver  a verla en lo alto. Cuando cayó el telón y terminaron los aplausos, mi tía Nena me tomó de la mano para protegerme del público que abandonaba la sala del Teatro Oriente.  Esa noche y en noches posteriores, Libertad tuvo un lado en mi cama. No volvimos a vernos. Yo buscaba en los periódicos y leía que la "La Novia de América" llegaba o se iba de tal o más cual país. Esperé y nunca recibí ni siquiera una carta, una nota. Yo sé que hubiera querido hacerlo, no era su culpa sino de un marido celoso y de la tía que me sacó apresuradamente del teatro, sin siquiera permitirme regresar a ella para acordar algún encuentro más íntimo o darle mi dirección y mi número de teléfono. En medio de mi sufrimiento por el amor perdido, el verano llegó en mi auxilio con las vacaciones escolares y me fui para Cuatro Caminos de La Prueba, a la finca de la abuela Alberta, donde podía divertir la pena encima de un caballo, aburrirla sobre los cascos del burro "Torito" y sino resultaba, ahogarla en las aguas del arroyo "La Rosita".

Han pasado muchos años, he visto con nostalgia todas sus películas y oído una y otra vez sus canciones. Supe que murió, pero todavía conservo el recuerdo de aquél romance con Libertad Lamarque, un día de un mes y un año de la década del cincuenta, en Santiago de Cuba.

9/8/10

Herra...

Gabriel Impaglione,
Argentina

Herramienta
“si mi poesía no ayuda a cambiar la sociedad
no sirve para nada”.
Santoro:

El poeta... el poeta... qué poeta?
El poeta ideal? El ideal poeta?
Qué poetas de qué poesía?

Comprometido con... una mujer/un hombre; unas cuotas; un secreto; un ojo por ojo; una causa libertaria; una iniciativa cultural; la mentira; la verdad; la hipocresía; el susurro doliente; la cuenta corriente; su ombligo; el espejo del baño; los salones elegantes; la marcha para decir No; el socialismo; la independencia verdadera; el bicentenario; las placas de bronce; los medalleros; La voz; la palabra; la justicia; la razón; la verdad; el futuro; los derechos humanos; el levante fácil ( Dolina dixit); la búsqueda de respuesta; la belleza; el arte; la llave de la felicidad; la armonía; los trabajadores; las patronales; el político; la política; el gato; el amor; sus conflictos; la fama; los vinos; las migajas del banquete; el cura; la palmada en el hombro; la metáfora; la acción cultural; la inacción cultural; el coro; los buenos vientos; un lugar en el palco; la vocación de hacerlo todo de nuevo; la historia; qué historia?

El poeta... el poeta... qué poeta?
El que me imagino, el que quiero ser, el que soy, el que fui, el que será?

Lugar común: “el poeta es un ser comprometido con la belleza”
Otro: “El poeta es un ser comprometido con la palabra”
otro: “el poeta es un ser comprometido con su pueblo”
una más: “El poeta es un ser comprometido con su tiempo”

(...)

Un zapatero es un ser comprometido? En todo caso, con qué? Con sus zapatos, con los zapatos de los suyos, con los zapatos de los demás, con el partido, con las manos partidas, con los otros zapateros.
Y si sólo es un compromiso con su oficio, pues: zapatero a sus zapatos.
Y aquí termino.
O comienzo.

Poetas comprometidos:
Poetas no comprometidos:
(arme su lista personal).

Sé de poetas comprometidos, por ejemplo, con su imagen de poetas; con su voz sonándole melodiosa, afectada, llena de ecos del olimpo, en los oídos.
Poetas de verdadero compromiso con lo social. Hoy aquí, mañana allá, a tiznar salas y audiencias con voz grave, llena de altos matices que piden “una placa de bronce allí donde he leído”.

Sé de poetas de té que leen versos de masa fina, que ovacionan a sus pares (el clan elegante que siempre está donde están) golpeteando alegremente sus deditos entre sí mientras tuercen el cuello a un lado y al otro para declamar con autoridad severa “ay que lindo”. Así de comprometidos con la cultura y el arte del buen decir.

Sé de poetas de museo, rigurosos archivistas de lo que ha sucedido en las páginas del Billiken. No se ausentan jamás de un acto patrio. Allí declaman loas en carros triunfales, elixires místicos que embriagan de emoción. Así de comprometidos con el verdadero ser nacional.

Sé de poetas no comprometidos con nada. Pero, en serio, con nada de nada. Ellos están por allí, siempre en otro lugar, en otra parte, escriben, escriben, y nada más. No vaya a invitarlos a una reunión, menos a trabajar por algo que merece la pena, no tendrá respuesta. Escriben y nada más. Y aunque escriban de algún hecho social, digo, de algo que sucede, o no, incluso de la chica que no fue a la cita y esa luna feroz caída en el arroyo, ellos nunca estarán con nada ni con nadie. Son los no comprometidos. Nada los compromete. Persiguen la pureza, lo etéreo, lo trascendental... sin comprometerse, claro.

Sé de poetas que se comprometen entre ellos, pactan en un termo y allí se quedan a leerse y a comentarse, a mirarse las caras y discutirse, pero no mucho. A estimularse, palmearse, invitarse vinos y cafés, hasta que semejante unidad hace la maravilla de elevar bajo esa atmósfera de gesta, en medio de donde no había nada, una cima de luz desde la que después miran el mundo. Esos son los poetas comprometidos con su círculo íntimo de tan notables poetas comprometidos con su círculo íntimo.

Sé de poetas que se han comprometido con el anonimato y ni siquiera se dicen poetas. Y andan por allí, de hora en hora por la vida. Uno los descubre cuando se mueren, o en vida, de casualidad, por alguna infidencia.

Sé de poetas de horas extras, transpirada camiseta, pulmón y pulmón, comprometidos con el trabajo de poeta. O sea, no galas de embajada, digo: poetas comprometidos con el oficio de poeta.
Se la pasan de agua en agua, de verde a verde, de vuelo en vuelo, amando a pierna suelta en tanto la metáfora a veces es meteorito, saludo desde la otra vereda de improviso a veces, una palabra en los bolsillos.

Sé de poetas tan altos que uno debe subirse a una silla para hablarles, mostrarle una página, preguntarles qué cosa es la poesía. Esos son los poetas comprometidos con las alturas de la poesía..

Sé de poetas tan bajitos que a menudo para dirigirles la palabra primero se debe cavar un pozo en tierra. Esos son los poetas comprometidos con las bajezas.

Sé de poetas piedra en mano, comprometidos primero con la humanidad que no dice pero que hace, después con la poesía, aunque... quién podría delimitar una de otra? Digo, la poesía y la acción.
Son poetas de poner el pecho y la poesía. Poetas comprometidos con poesía en pecho.

Sé de poetas alucinógenos. Pero tan crípticos que a veces no se entienden, por eso llaman a su poesía: poesía experimentaldevanguardia, poesía postsurrealísticamentefuturistica.
A veces se quejan del bajo nivel de educación de los demás. Pero son comprometidos con su poesía, saben que alguna vez todos los otros llegaran a entenderlos.

Sé de poetas dedicados afanosamente al arte del soneto, la rima exacta, la métrica casi dictatorial. Se mueven en esos laberintos rigurosos con pie firme, casi bota militar, duros y erguidos, solemnes, sabedores de semejante desafío. Son los poetas comprometidos con el conservadurismo de la poesía.

Sé de poetas que siempre están. Pero siempre están. En todas siempre allí. “Esos son los imprescindibles” (B.Brecht)

Sé de poetas que se comprometen con la resistencia encarnizada contra la picadora de carne que representa toda sociedad. Ellos están allí, poesía en ristre, resistiendo. Diciéndole No a la violencia que les llueve. Que nos llueve. Una poesía del disconformismo? Una poesía hacia la transformación social?
Una poesía que ataca o se defiende?
De una u otra manera son poetas comprometidos con la defensa contra la sociedad.

Sé de poetas comprometidos con el poder de la memoria. No dejan de hablar. Hablan, hablan todo el tiempo, y entre una palabra y otra disparan una cita, esa frase célebre, el típico “como dijo...” que deslumbra y calla. Son los poetas comprometidos con la demostración permanente de su sabiduría.

Sé de poetas que han escrito alguna poesía para aparecer en una antología y con esa trayectoria están en todas partes, van a los actos, a las cafés literarios, a las presentaciones de libros, a las marchas y contramarchas de los escritores, mandan cartas al correo de lectores de la sección cultura de algún diario. Y siempre se lamentan de lo mal que van las cosas, de que así no se puede, que hacia dónde va la poesía con tanto diletante encaramado. Son los poetas comprometidos con la figuración a ultranza gracias a la poesía.

Sé de poetas que viven engarzados en los avances de la tecnología, el marketing, las ofertas y las demandas. Escriben poesía en los teléfonos celulares, ese neorepentismo en código. Después publican libros y salen a hablarle a los diarios de qué cosa es la nueva poesía de vanguardia.
Son los poetas comprometidos con lo que ellos llaman la modernidad de la poesía.

Sé de poetas que se la pasan trinando por la falta de apoyos de las gestiones de gobierno a la cultura y especialmente a la poesía. Luego el destino los mete a presión en algún sillón público, y allí automáticamente se olvidan de la cultura y especialmente de la poesía.

Sé de poetas que buscan desesperadamente hablar con otros poetas de las cosas de la vida, del día y sus misterios y los ciclos aún negados de los brotes que vendrán. Aborrecen pulseadas culturosas, sesudas charlas de análisis literario. Ellos son los poetas comprometidos con la esencia de la poesía

Sé de poetas que escriben cientocuarenta y tres poesías al día y llevan la cuenta del total, actualizado. Cientoveinte mil, trescientas cuarenta y nueva poesías, hasta ayer... mas las cientocuarenta y tres de hoy, hacen un total de...
Han autoeditado doscientos noventa y seis libros de poesía con un total de treinta y siete mil doscientas páginas.
Son los poetas comprometidos con la cifra (que le da volumen a tamaña importancia poética) de la poesía.

Sé de poetas que consiguen un crédito para editar ese libro en el que trabajaron todo este tiempo. Y después lo regalan. Y transpiran la camiseta para pagar el crédito. Y ya están escribiendo, no paran, y esperan terminar las cuotas, terminar el nuevo libro, para sacar otro crédito, y vuelta a empezar. Son los poetas comprometidos con el sacrificio de la poesía.

Sé de poetas que se la pasan difundiendo a todos los poetas. Arman revistas, espacios, volantes, mariposas, folletos, talleres, lecturas. Y cuando alguien – cada muerte de obispo- les pide una poesía para publicar hasta se emocionan.
Son los poetas comprometidos con las fraternidades de la poesía.

Sé de poetas cuyo universo poético es tan pero tan ancho que sólo caben ellos.

Sé de poetas que envían a diario sus poesías a diarios y revistas, en la certeza que alguna entrará a edición. Son los poetas comprometidos con la venta compulsiva de su poesía.

Sé de poetas tan grandes que se acercan como chicos a la poesía.

Sé de poetas que piden disculpas por pedir permiso para enviar un día de estos “algo breve para su consideración”. Y después termina el cuento que se reciben tremendas obras.
Son los poetas comprometidos con la humildad de la poesía.

Sé de poetas que andan por el mundo como una escuela abierta, como una guitarra llena de voces, como un pan de mano en mano. Esa es la grandeza de la poesía.

Santoro fue un poeta comprometido con una poesía que ayude a cambiar la sociedad, por ejemplo.
Si alguien me preguntara cuál es mi compromiso con la poesía, en lo personal, diría que me inclino por el compromiso de Santoro.


Gabriel Impaglione